Una guirnalda de flores (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

Página 16 de 172

Pero lo más divertido de todo fue el día en que fuisteis a comprarnos cosas, y yo os miraba por la rendija de la puerta, porque estaba en la trastienda, muerta de risa, al veros mirarlo todo y alabar nuestro "surtido de artículos útiles y bonitos".
-Nos parece muy bien y no nos importa que se riera de nosotros, si tuvo éxito, señorita. Pero no creo que lo tuvieras, porque las Miller no están ya allí. ¿Han abierto un almacén de lujo en Boy1ston Street, para este año y piensan erigirlo ellas solas? En ese caso, todas compraremos en él y tu nombre no resultará mal en un letrero -dijo Maggie, preguntándose cuál habría sido el fin de la experiencia de Ella.
-¡Ah!, todavía me queda por contar lo mejor, porque mi historia termina maravillosamente, como ya veréis. Trabajamos bien durante todo el invierno, lo que no era de extrañar. Lo único que hacía falta era un pequeño "empujoncito" en la dirección debida, y se lo di; así que las Miller se sentían muy consoladas y éramos muy´ buenas amigas. Pero en marzo, la anciana murió de repente, y la pobre Almiry la lloró como si hubiera sido la madre más dulce y bondadosa del mundo. Los últimos deseos de la pobre mujer era que "la arreglaran muy bien, con una gorra adornada con cintas de raso celeste, porque el blanco no le sentaba, que a su entierro fueran por lo menos tres coches, y que un diario con la noticia de su muerte fuera enviado a N. Baxtex, Westminster, Vermont".
"Obedecí fielmente sus órdenes, le puse yo misma la espantosa gorra, convidé unas cuantas ancianas del asilo a un paseo en coche, y dirigí cuidadosamente el diario a Nathan; esperando que resultaría "fiel y sincero". Pero realmente no me imaginaba que lo sería, así que no me sorprendí al ver que no recibíamos respuesta. Lo que sí me sorprendió fue que Almiry me dijera que ya no le interesaba seguir con la tienda, ahora que estaba libre. Quería ir a visitar a sus amigos, por la primavera, y en el otoño volvería a trabajar en alguna sombrería.
"Lo sentí, porque gozaba sinceramente con nuestra sociedad. Me parecía un poco de ingratitud, después de lo mucho que me había molestado procurándole clientes, pero no le dije nada, y le vendimos el negocio a la viuda Bates, que es una buena mujer con seis hijos, y sabrá aprovecharse de nuestros esfuerzos.

Página 16 de 172
 

Paginas:
Grupo de Paginas:           

Compartir:




Diccionario: