Una guirnalda de flores (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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Al pie de la escalera se veía una niña, con la cabeza en un charco, las botas agitándose en el aire, y el paraguas posado encima como un sucio pájaro verde.
´-¿Te has hecho daño, niña? -le pregunté.
"-No, gracias, señora -me dijo la mocosa, con toda calma, sentándose y poniéndose en la cabeza un viejo sombrero negro de mujer.
´-¿Viniste a pedir limosna? -le dije.
´-No, señora. Vine a buscar unas cosas que la señora Grover tiene para nosotros. Ella me dijo que viniera. No pido limosna. -Y la empapada chiquilla se levantó con gran dignidad.
-Entonces le pedí que se sentara y corrí a llamar a la señora Grover. Ella estaba en aquel momento ocupada con el abuelo, y cuando volví a mi comida me encontré con la señorita, cruzada de brazos chorreando agua por la punta de las botas, que se balanceaban a cierta distancia del suelo y con los enormes ojos azules fijos en el pastel y las naranjas que había en la mesa. Le di un pedazo y ella suspiró embelesada, pero no hizo más que tomar un bocado, hasta que le pregunté si no le gustaba.
-¡Oh, sí, es -muy bueno! Pero me agradaría poder llevársela a Caddy y Tot, si no le importa. Ellas nunca han tomado pastel en su vida, y yo lo probé una vez.
-Como es natural, le llené una cestita con pastel, naranjas e higos y, mientras Lotty se deleitaba con ellos, hablamos. Me enteré de que su madre se pasa el día lavando platos en un restaurante cerca de la estación de Albany, dejando a las tres niñas solas en la pieza que tienen en Berry Street ¡Pensar en la pobrecilla que sale de noche, aun los días de invierno, y se pasa todo el día lavando platos, dejando a las niñitas solas! A veces podían encender el fuego y, cuando no podían, se quedaban en la cama. La mujer recibía por todo pago algunos restos de comida y cuatro dólares semanales, y con eso tenían que arreglarse para vivir. La buena señora Grover tenía un enfermo cerca de Berry Street el verano pasado, y solía ver a las tres pequeñas rodando por las calles, sin nadie que cui­dara de ellas.
"Lotty tiene nueve años, aunque parece que tiene seis, pero es mayor que muchas niñas de catorce y cuida bien de "sus bebés", como llama a las más pequeñas.

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