Una guirnalda de flores (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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Harry y yo nos hicimos grandes amigos, leyendo juntos, y a papá le encantaba descubrir en nosotros el espíritu de nuestro antepasado "el general", cuando nos excitábamos y empezábamos a discutir todas nuestras guerras, con una fiebre de patriotismo que hacía reír a mamá. Joe decía que yo me "encabritaba" como un corcel de guerra al oír la palabra batalla y oler la pólvora, y pensaba que debía haber sido tambor, porque el sonido de la música marcial me ponía "nerviosa".
"Para nosotros, los jóvenes, todo aquello era nuevo y encantador, pero el pobre Joe lo pasó muy mal y estuvo muy enfermo. El frío y la fatiga, la falta de comida y la soledad, además de sus heridas, lo habían vencido y no cabía duda de que ya no podría trabajar más. Le espantaba el pensar en el asilo para ancianos, que era todo lo que podía ofrecerle su ciudad natal, y además no tenía amigos ni podía conseguir una pensión, por no sé qué error de sus papeles; así que no lo habría pasado muy bien, de no ser por el Hogar de Soldados de Chielsa. En cuanto se halló en, condiciones de salir, papá lo hizo ingresar en él, y Joe aceptó gustoso, porque le parecía el lugar más adecuado y una caridad que el más orgulloso de los hombres podía muy bien aceptar, después de haber arriesgado la vida por su patria.
"Ahí era adonde iba cuando me visteis, y tuve mucho miedo de que oliérais los cigarros que llevaba en mi cesta. Los pobres veteranos los aprecian mucho, y papá dice que los necesitan, aunque no es tan romántico como las flores, la jalea y el vino, y esos manjares delicados que a las mujeres nos gusta regalar. He aprendido a distinguir las diferentes clases de cigarros y tabaco, y os reiríais si me vierais distribuir mis obsequios, que son recibidos con tanto agradecimiento como la Cruz de la Victoria, cuando la reina de Inglaterra condecora a sus bravos. Allí soy un personaje muy importante y los muchachos me saludan militarmente cuando entro, me cuentan sus penas y piensan que papá y yo somos capaces de gobernar el mundo. Eso me encanta, y mis queridos veteranos me entusiasman y enorgullecen tanto como si hubiera sido un Rigoletto y me hubieran montado en un cañón desde que era pequeñita. Ésta es mi historia, pero no puedo daros ni siquiera una idea de lo interesante que es todo eso y de lo que me alegro que me llevara a estudiar la historia de las guerras americanas, en las que hombres valientes que llevaban nuestro nombre, cumplieron tan bien con su deber:"

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