Una guirnalda de flores (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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No lo sé expresar muy bien, pero, ¿no es cierto que os dais cuenta?
Y Maggie miró con melancolía los otros rostros, que le contestaron, con una rápida sonrisa de simpatía, o con una expresión perpleja y respetuosa, como si pensaran que debían saberlo, pero no lo sabían.
-No tengo por qué cansaros con mi vulgar historia -prosiguió Maggie-. No hacia planes y me limitaba a decir cada día: "Aceptaré lo que venga y trataré de tomarlo con alegría y paciencia". Y así me fui ocupando de los niños, para que María tuviera más tiempo libre para coser y ayudar en las tareas domésticas. Hacía los recados, iba al mercado y me encargaba de que papá tuviera las comidas que a él le gustan, los días en que mamá no se encontraba muy bien y no podía bajar a comer. Hacía visitas en su nombre, y las recibía, y bien pronto cumplía con todos mis deberes, como si fuera la dueña de la casa y no "una chiquilla", como me llama mi primo Tom.
"Lo mejor de todo eran las tranquilas conversaciones que teníamos al caer la tarde, mamá y yo, después de terminado el trabajo del día, cuando ella había descansado ya y esperábamos a papá. Ahora, cuando papá llegaba, yo no tenía que irme porque ellos querían contarme cosas, hacerme preguntas y consultarme sobre distintos asuntos, lo que me hacía sentirme realmente como su hija mayor. ¡Oh, era maravilloso sentarse entre los dos y saber que me necesitaban y que les encantaba tenerme con ellos! Eso me recompensaba por los malos ratos que pasaba y, hace poco, obtuve mi recompensa. Mamá está mucho mejor, y yo me congratulaba por su mejoría, cuando ella me dijo: "Sí, ahora me estoy poniendo realmente bien, y espero que dentro de poco podré relevar a mi hijita. Pero quiero decirte, querida, que cuando me sentía más desanimada, mi mayor consuelo era pensar que, si tenía que dejar este mundo, mis pobres hijitos encontrarían en ti una segunda madre".
"Eso me agradó tanto que me entraron deseos de llorar, porque la verdad es que los niños me quieren mucho y ahora hacen todo lo que les digo y tienen una gran idea de su hermana, aunque antes no me tenían gran cariño. Pero eso no fue todo. Quizá no debería contaros estas cosas, pero me enorgullecen tanto que no puedo resistir la tentación de hacerlo.

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