Una guirnalda de flores (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

Página 49 de 172

Tuya. - FANNY.
En cuanto Jessie pudo recobrar aliento y reponerse de aquella encantadora sorpresa, abrió el paquetito atado con cintas. En él había una zapatilla de cristal, al parecer llena de capullos de rosa; pero debajo de las flores había veinticinco brillantes dólares de oro. En un rincón encontró una tarjeta con palabras encaminadas a hacer el ofrecimiento lo más delicado posible, por miedo a ofender a la persona a que estaba dirigido.
Devolvemos a nuestra querida princesa la zapatilla de cristal que perdió en el baile, con todas nuestras gracias y buenos deseos.
Si los amables muchachos que habían enviado el caprichoso obsequio hubiesen visto el modo con que fue recibido, sus dudas se habrían disipado; pues Jessie lloró y rió, mientras relataba la historia, contaba las preciosas monedas, y llenaba de agua la zapatilla para que los capullos se mantuvieran frescos para Laura: Luego, mientras las agujas volaban y se arreglaban los atavíos, las alegres voces resonaban, y las dos hermanas se regocijaban juntamente por aquella deliciosa sorpresa.
-Lo mejor de todo este asunto es que se han acordado de mí cuando más ocupados estaban y han sabido agradecer mis desvelos de este modo tan agradable. Conservaré durante toda mi vida esta zapatilla de cristal, como un recuerdo de que no debemos desesperar nunca; pues cuando todo me parecía más negro, tuve esta inesperada suerte ­dijo Jessie mientras saltaba, probándose las botas, pensando en el momento en que baila­ría la czarda delante de todo Boston.
La dulce Laura se regocijó con la alegría de su hermana y cosió sin descanso, despidiendo a las siete en punto a su hermana con su más cariñosa sonrisa, sin dejarle sospechar los miedos y las tiernas esperanzas que se ocultaban en su corazón, los anhelos y las decepciones que hacían doblemente tristes y solitarios sus días, y el pobre consuelo que las glorias de la Kermesse le ofrecían por la pérdida de un amigo que había llegado a serle tan querido.
No es preciso decir lo bien que lo pasó Jessie aquella tarde, disfrutando en todo momento, bailando muy bien, y regresando a casa a medianoche, dispuesta a recomenzar de nuevo, de acuerdo al insaciable apetito de la juventud.
Con gran sorpresa suya vio que Laura estaba levantada, y que la esperaba para darle la bienvenida, con un rostro tan alegre, que Jessie adivinó al momento que algo muy bueno le había sucedido también a ella.

Página 49 de 172
 

Paginas:
Grupo de Paginas:           

Compartir:




Diccionario: