Una guirnalda de flores (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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-¿Le interesa la poesía? -preguntó Emily, sorprendida pero el gesto de la joven.
-Me parece que sí; sólo tengo los poemas que recorto de los periódicos, pero me encantan y los guardo en un libro viejo que tengo en mi cueva. Me gusta mucho la poesía de este autor. Siempre produce el efecto adecuado -y Becky sonrió ante el nombre de Whittier, como si el más dulce de nuestros poetas fuese un viejo amigo suyo.
-Prefiero a Tennyson. ¿Lo conoce? -preguntó Emily con un aire de superioridad, pues la idea de que la hija de un granjero conociese poesía la divertía.
-Oh, sí, tengo en mi libro varios versos de él, y me agradan mucho. Pero este autor hace las cosas tan verdaderas y naturales, que me siento a gusto con él. Y he anhelado leer este libro, aunque me figuro que no voy a comprenderlo bien. Su "Abejorro" era precioso; con el césped, las aguileñas y los pantaloncitos amarillos de la abeja. Nunca me he cansado de ello -y en el rostro de Becky se reflejó algo parecido a la belleza al mirar con ansia el Emerson, mientras limpiaba el polvo de la cubierta que ocultaba los tesoros que ella anhelaba.
-A mí no me interesa mucho, pero a mamá sí. Me agradan los poemas románticos, las baladas y las canciones; no me gustan las descripciones de nubes y campos, de abejas y granjeros -dijo Emily dando a entender que incluso los más sencillos poemas de Emerson estaban muy por encima de su comprensión, pues ella amaba más el sentimiento que la naturaleza.
-A mí sí, porque los conozco mejor que el amor y esas cosas románticas de que habla la mayoría de los poetas. Pero no pretendo ser juez, me complace tener cualquier cosa. Ahora, si no me necesita, voy a recoger el servicio y a irme a trabajar. Y diciendo esto, Becky se fue, dejando a Emily para que descansase y soñase, con los ojos fijos en el paisaje, que le proporcionaba más poesía que la que contenían todos los libros. La joven le habló a su madre de la extraña muchacha, y dijo que estaba segura de que iba a ser divertida si no olvidaba su lugar y trataba de hacerse amiga suya.
-Es una buena muchacha, querida, el principal sostén de su madre, y estoy segura de que trabaja más de lo que las fuerzas le permiten.

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