Una guirnalda de flores (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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Becky estaba segura de que Emily iba a leer algo suyo después de aquella introducción, y comenzó a sonreír cuando sacó el papel y leyó las cuatro primeras líneas en un tono mitad tímido mitad triunfante. Luego, dando un grito le arrancó el papel de las manos y lo arrugó, exclamando, colérica:
-¡Es mío! ¿Dónde lo has encontrado? ¿Cómo te has atrevido a tocarlo?
Emily se puso de rodillas, con. un rostro y una voz tan llenos de compunción, agrado y simpatía, que la cólera de Becky se apaciguó antes de que la explicación de su amiga terminase con estas suaves y conciliadoras palabras.
-Esto es todo, querida, y te pido perdón. Pero estoy segura de que algún día serás famosa, si sigues adelante, y yo veré un volumen de poemas de Rebeca Moore de Rocky Nook, New Hampshire.
Becky ocultó el rostro, como si la vergüenza, la sorpresa, el pasmo y la alegría colmasen su corazón, haciendo que varias lágrimas cayesen sobre sus manos gastadas por el duro trabajo, cuando anhelaban manejar la pluma, tratando de escribir las fantasías que cruzaban por su mente tan incesantemente, como el suave murmullo de los pinos o el canto del arroyo, susurraban en sus oídos cuando se hallaba sentada allí a solas. No podía expresar los vagos anhelos que sentía en el alma; sólo podía sentirlos y vagamente tratar de comprenderlos y de interpretarlos, sin pensar en la fama ni en la fortuna, pues era una criatura humilde, que jamás pensó que las penalidades de la vida hacían surgir las virtudes de su naturaleza.
A poco levantó la vista, profundamente conmovida por las palabras y las caricias de Emily, y sus ojos azules brillaban como estrellas. mientras su rostro resplandecía, con algo mejor que la mera belleza, pues los secretos de su inocente corazón eran entonces conocidos de su amiga, y era muy agradable aceptar los primeros elogios.
-No me importa mucho, pero durante un momento me asusté. Nadie lo sabe, excepto mamá, y ella se ríe de mí, pero no le importa con tal de que esto me alegre. Me encanta que te gusten mis poemas, pera jamás pensé en llegar a ser conocida. ¡No podía imaginarlo! Pero me gusta mucho el oírte decir que puedo llegar a ser famosa.
-Pero ¿por qué no, Becky? Las Goodale lo fueron, y la mitad de los poetas del mundo eran pobres e ignorantes al principio, tú lo sabes.

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