Una guirnalda de flores (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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-Nosotras tenemos éstos en nuestro invernadero, pero la más los vi crecer silvestres. ¿De dónde sacan estas preciosidades y las hacen tan bien? -Oh, crecen en los rincones de la montaña, ocultos bajo los helechos más fuertes y en los rincones resguardados. Pero no crecen como aquí, y mueren pronto a menos que se los trasplante y se les trate con cuidado. Siempre me hacen pensar en ti, tan graciosa y delicada, a propósito para vivir, con rosas de té, en un invernadero, y a ir a bailes formando lindos ramilletes de señora -repuso Becky sonriendo a su nueva amiga, siempre tan primorosa y delicada a pesar de la temporada de campo.
-¡Gracias! Creo que nunca seré fuerte ni podré hacer gran cosa; por tanto, me parezco bastante a un helecho y vivo en una estufa durante el invierno, pues no puedo salir mucho. ¡Algo inútil, Becky! -y Emily suspiró, pues había nacido delicada, e incluso su vida regalada no había logrado darle el vigor de las demás. Pero su suspiro se transformó en sonrisa cuando añadió-: Si soy semejante al helecho, tú eres como tu laurel, fuerte, rosada, y capaz de crecer en cualquier parte. Deseo llevarme a mi casa unas cuantas raíces para ver si crecen en mi jardín. Así tú me tienes y yo te tengo a ti. Sólo espero que tu planta crezca tan bien como la mía aquí.
-¡No lo lograrás! Se han llevado ya muchas veces raíces fuera de aquí, pero nunca crecen en los jardines como en las colinas de donde proceden. Sólo me queda por agregar que dejen en paz a mis queridas plantas y que vengan a disfrutar de ellas en su medio. Creo que tú podrás mantener una planta en tu invernadero; pero no será la mitad de linda que las que tengo aquí, y creó que te entristecerá verla tan mustia, lejos de su tierra ­repuso Becky, con los ojos fijos en las verdes laderas donde el laurel de la montaña desafiaba las nieves del invierno y nacía lozano a principios de la primavera.
-Entonces no me ocuparé de él hasta el verano que viene. Pero, ¿tú no puedes llevarte los helechos al interior de la casa, durante el frío? Creo que se conservarían bien en tus soleadas ventanas -dijo Emily complacida por la fantasía de que se asemejaban a ella.
-Lo he intentado, pero se necesita un lugar húmedo y nuestras frías noches lo matan.

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