Las Mujercitas se casan (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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-Ni siquiera me vas a ver durante la ceremonia... Vas a llorar tanto que te ocultarán las lágrimas toda la perspectiva.
-Sabes muy bien que nunca lloro... a menos que suceda una desgracia.
-¿Tal como que un tipo se vaya a la universidad? ... -interrumpió Laurie con una risita burlona.
-No seas presuntuoso... Sólo me lamenté un poquito para acompañar a las chicas.
-¡Claro! ... ¡Naturalmente!... Dime, Jo, ¿cómo está abuelo esta semana? ¿Amable?
-Muy amable. ¿Por qué preguntas eso? ¿Te has metido en algún lío y quieres saber cómo lo va a tomar? -preguntó Jo suspicaz.
-¡Vamos, Jo! ... ¿Me crees capaz de mirar a tu madre
a los ojos y decirle: Todo bien, si de veras no fuese así? -Y Laurie interrumpió la marcha con aire ofendido.
-No. No lo creo.
-Entonces no seas desconfiada. Solamente quiero pedirle dinero -dijo Laurie ya apaciguado por el tono sincero de Jo.
-Gastas mucho, Teddy.
-Bendita muchacha, yo no lo gasto, se gasta solo. No sé cómo, pero cuando me acuerdo, ya ha desaparecido todo lo que tenía.
-Eres tan generoso y de corazón tan tierno que dejas que la gente te pida prestado y no sabes decir que no a nadie. Nos enteramos del asunto de Henshaw y todo lo que hiciste por él. Si siempre gastaras el dinero de ese modo nadie podría reprochártelo -expresó Jo con mucho calor.
-¡Oh!... Henshaw le dio demasiada importancia a la cosa. ¡No iba a dejar que ese tipo estupendo se matase trabajando por falta de algo de ayuda cuando vale él solo más que una docena de nosotros, que somos unos zánganos!... ¿Verdad que tú misma no hubieras querido eso?
-¡Claro que no!... Pero no veo para qué tienes que poseer en tu guardarropa diecisiete chalecos, no sé cuántas corbatas y un sombrero nuevo cada vez que vienes a tu casa. Creía que ya te habías curado de tu fiebre de "dandysmo", pero a cada rato veo un nuevo brote. La moda de ahora es estar horrible. Si fuera una fealdad barata yo no diría nada, pero cuesta igual que la moda linda, y por mi parte no saco de ella ninguna satisfacción.
Laurie echó la cabeza hacia atrás y se rió con tantas ganas de semejante ataque que se le cayó la palangana de fieltro y Jo la pisó, episodio que le dio a Laurie la oportunidad de explayarse sobre las ventajas de la ropa simple y recia.

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