Las Mujercitas se casan (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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En cuanto a Jo, no gimoteó como Laurie le pronosticara, aunque estuvo a punto de hacerlo en cierta ocasión, y sólo se contuvo de dar un espectáculo por la certeza de que Laurie la miraba fijamente con una mezcla cómica de alegría y emoción en sus ojos traviesos. Beth escondió la cara en el hombro de su madre, pero Amy parecía una graciosa estatua con un rayo de sol muy sentador posado en su blanca frente y en la rosa de su cabello.
Mucho me temo que no haya sido del todo elegante, pero en el mismo instante que se consideró casada Meg exclamó: "¡El primer beso para mamá!", volviéndose para dárselo con el corazón en los labios. Luego Meg se asemejó más que nunca a una rosa, pues todo el mundo se aprovechó al máximo de la franquicia de "besar a la novia", desde el señor Laurence hasta Ana, quien adornada de una cofia impresionante se abalanzó sobre Meg en el "hall" con un sollozo mezclado con risa casi ahogada: "Dios, te bendiga, queridita, cien veces... ¡La torta no se dató :nadita y todo está precioso..."
Después de eso todo el mundo se sintió más despejado y dijo alguna agudeza, o por lo menos lo intentó, que fue casi lo mismo, pues la risa es fácil cuando las almas están contentas. No hubo exposición de regalos, ya que todos estaban colocados en la casita, ni hubo tampoco un complicado "buffet", sino un abundante almuerzo con pasteles y fruta. El señor Laurence y la tía March se miraron y sonrieron encogiéndose de hombros cuando vieron que los únicos néctares que las tres Hebes alcanzaban a la concurrencia eran agua, limonada y café. Nadie dijo nada sin embargo hasta que Laurie, que insistía en servir a la novia, apareció ante ella con una bandeja colmada eh la mano y una expresión de perplejidad en la cara.
-¿Acaso Jo ha roto por accidente todas las botellas? -preguntó-¿O me equivoco al creer que vi algunas por ahí esta mañana?
-No, es verdad; tu abuelo nos ofreció lo mejor de su bodega y tía March nos mandó varias botellas, pero papá reservó algunas para Beth y despachó el resto para el Asilo de Marineros. Ya sabes que él piensa que el vino debe beberse sólo en caso de enfermedad, y mamá siem­
pre dice que ni ella ni sus hijas se lo ofrecerán nunca a ningún joven bajo su techo.

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