Las Mujercitas se casan (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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-¿Podría llevarme algo de la torta, Amy? La necesito de veras, pues ¡tengo tantas visitas! Además, no sé hacerla tan deliciosa como ésta -dijo Meg con absoluta seriedad.
-Llévatela toda, por favor; yo soy aquí la única que come cosas dulces y se pondría vieja antes de que pudiese terminar semejante cantidad -respondió ,Amy pensando en el gasto enorme de tanta torta, ¡para terminar así!
-Es una lástima que no esté Laurie para ayudarnos a despachar todo -observó Jo cuando la familia se dispuso a comer fiambre y helados por segunda vez dos días seguidos.
Una mirada de advertencia de su madre frenó toda observación adicional y la familia continuó comiendo en silencio, heroicamente... hasta que el señor March apuntó con gran mansedumbre:
-La ensalada era la comida preferida por los antiguos y, según Evelyn ... -Ahí tuvo que detenerse por el estallido de risa que cortó por lo sano aquella "historia de las ensaladas", con gran sorpresa del erudito caballero.
-Llevemos todo esto a los Hummel. Los alemanes se mueren por las comilonas. Ya me enferma mirar estos "restos" y no hay razón para que ustedes se mueran de empacho porque yo haya sido una necia -exclamó Amy por fin, secándose las lágrimas de risa.
-Yo creí morirme cuando las vi a las dos en aquel gran coche vacío como dos pepitas chicas en una cáscara grande... ¡Y mamá esperando con toda ceremonia para recibir a la comitiva!. .. -dijo entonces Jo, exhausta de risa.
-Siento mucho que hayas sido defraudada, querida, pero todos hicimos lo posible para darte satisfacción -acotó la señora de March, con pena maternal.
-Pues yo estoy satisfecha, ya que hice lo que me había propuesto y no fue culpa mía que todo fracasara. Eso me consuela -dijo entonces Amy con voz algo temblorosa-. Les agradezco mucho a todos la ayuda que me prestaron y les agradeceré aún más si ninguno menciona el asunto.
Nadie volvió a comentar aquello durante muchos meses, pero la palabra "fiesta" siempre provocaba una sonrisa general, y para el cumpleaños de Amy le regaló Laurie una pequeña langosta de coral para dije de su pulsera.

IV
LECCIONES LITERARIAS

La fortuna sonrió de pronto a Jo y le puso en el camino un talismán de buena suerte. No precisamente un talismán de oro, pero dudo que medio millón le hubiera causado felicidad más verdadera que aquella pequeña suma que llegó a sus manos de esta manera:

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