Las Mujercitas se casan (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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Jo disfrutó de gran satisfacción y ya no envidió más a las muchachas ricas, derivando gran alegría de la idea de poder satisfacer sus necesidades sin tener que pedir un centavo a nadie.
Poca atención llamaron sus cuentos, pero tenían su mercado, y alentada por ese hecho decidió correrse la gran aventura de adquirir fama y fortuna escribiendo. Copió su novela por cuarta vez, leyósela a los que gozaban de su confianza, sometiéndola por fin a la aprobación de tres editores, que la aceptaron a condición de que la redujese en un tercio, omitiendo todas las partes que a ella más le gustaban.
-Ahora tengo que optar entre volverla a guardar hasta que se enmohezca en la cocinita de lata, publicarla por mis medios o cortajearla para conformar a los compradores y sacar de ella lo que pueda. La fama es artículo de lujo, pero el dinero al contado es más conveniente.
Este discursito abrió la sesión de un consejo de familia convocado por Jo para saber la opinión de la mayoría sobre asunto tan importante.
-No eches a perder tu libro, hija mía, pues tiene más mérito del que tú le asignas y la idea está muy bien desarrollada. Espera y déjalo que madure. Éste fue el consejo de su padre.
-A mí me parece que Jo se beneficiaría más probando que esperando -fue el pronunciamiento de la mamá-. La crítica es la mejor prueba a que se puede someter este tipo de trabajo, pues le descubrirá al mismo tiempo méritos y defectos tal vez insospechados, ayudándole a mejorar su posible nueva producción. Nosotros somos parciales; en cambio, el elogio o la censura de los extraños le resultará sumamente útil aunque el dinero que gane sea poco.
-Sí -dijo Jo-, ésa es la purísima verdad. Hace tanto tiempo que me estoy ajetreando con mi novela que ya ni sé si es buena, mala o regular. Me será una gran ayuda que las personas serenas e imparciales la lean y me digan lo que piensan.
-Yo no le quitaría una sola palabra, Jo; sólo la echarías a perder si así lo hicieras, pues el interés de la historia está más en la mente de los personajes que en sus acciones y será un embrollo sin las explicaciones que todo aclaran -expresó Meg, que creía firmemente que se trataba de una de las novelas más grandes que se habían escrito.

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