Las Mujercitas se casan (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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La "protección" no me molesta cuando me la brindan con buena intención.
-Muy bien, querida, así se debe pensar, y me complace tu espíritu agradecido, pues da mucho placer ayudar a quien sabe apreciar nuestros esfuerzos. Hay quien no lo hace, y eso molesta -observó tía March mirando por encima ríe sus anteojos a Jo, que se había sentado algo aparte y se hamacaba con expresión malhumorada.
Si Jo hubiese siquiera sospechado la gran felicidad que estaba jugándose en la balanza para una de ellas dos se hubiera puesto en el acto mansa como una paloma, pero desgraciadamente no tenemos ventanas en el pecho y no podemos saber lo que está pasando en la .cabeza de los demás.
-A mí no me gustan los favores, me oprimen y me hacen sentir como una esclava. Prefiero hacer todo por mí misma y ser completamente independiente.
-¡Ehem! -tosió tía Carrol despacito, echando una mirada a tía March-. ¡Te lo había dicho!
Inconsciente -por suerte- de haber hecho nada malo, Jo siguió hamacándose con la nariz al aire y un aspecto revolucionario que no tenía nada de atrayente.
-¿Qué tal anda tu francés, querida? -preguntó la señora de Carrol, poniendo su mano sobre la de Amy.
-Bastante bien, gracias a tía March, que me permite hablar con Esther cuantas veces

quiera -respondió Amy con una mirada agradecida que hizo sonreír afablemente a la anciana.
-¿Y tú cómo estás en idiomas? -preguntó entonces la señora de Carrol a Jo.
-No sé ni una palabra... No tengo paciencia para estudiar y no puedo soportar el francés; es un idioma resbaladizo y tonto -fue la respuesta poco amable de Jo.
Entre las dos señoras se cruzó otra mirada y tía March dijo luego a Amy:
-Ahora estás muy bien, ¿verdad, querida? Creo que estás bien fuerte y que ya no tienes molestias a los ojos, ¿eh?
-Ya no me molestan nada, gracias, tía. Me siento muy bien y pienso hacer grandes cosas este invierno, así podré estar preparada para ir a Roma cuando llegue esa feliz oportunidad.
-Muy bien, criatura... lo mereces y estoy segura de que algún día has de ir -dijo entonces tía March con una caricia aprobatoria a la cabeza de Amy al agacharse ésta para recogerle el ovillo de lana.
Gruñona, no busques placer
Siéntate al fuego a tejer.

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