Las Mujercitas se casan (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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Si "la salchicha", como solían llamarlo, estaba colocada de canto, era señal de que podía acercase y descansar, pero si estaba chato sobre el sofá, ¡ay del hombre, mujer o niño que se atreviera a moverlo!... Esa noche Jo volvió de rodear a su rincón de barricadas y no hacía ni cinco minutos que se había sentado cuando una pesada figura apareció junto a ella y con ambos brazos extendidos sobre el respaldo del sofá y las larguísimas piernas extendidas al frente Laurie exclamó con un suspiro de satisfacción:
-¡Bueno, esto sí que es estupendo! ...
-No se permite el argot -retrucó Jo colocando de golpe el almohadón.
¡Demasiado tarde!, pues ya no había espacio para él, de modo que desapareció de manera sumamente misteriosa.
-¡Vamos, Jo, no te pongas espinosa! Después de estudiar toda la semana hasta convertirse en un esqueleto, un tipo necesita mimos, los merece y debiera recibirlos.
-Beth te hará mimos. Yo estoy ocupada.
-No, Beth no quiere que la fastidie, pero a ti te gus- ta hacerlos. Dime la verdad: ¿Odias a tu muchacho y quieres arrojarle almohadones a la cabeza?
Pocas veces se habrá oído nada más regalón y engatusador que aquella súplica conmovedora, pero Jo calmó a "su muchacho" dándose vuelta para espetarle la siguiente pregunta:
-¿Cuántos ramos has mandado e la señorita Randall esta semana?
-Ni uno, te doy mi palabra. Se ha comprometido. ¿Qué tienes que decir ahora?
-Me alegro de saberlo; ése es uno de tus tontos derroches: mandar flores y otras cosas a chicas de las que no te importa ni un alfiler...
-Las chicas sensatas, de quienes me importan cajas enteras de alfileres, no me permiten que les mande flores y "otras cosas", de modo que ¿qué diablos puede hacer uno? Mis sentimientos deben tener una válvula de escape.
-Sabes muy bien que mamá no aprueba los flirteos, aunque sean en broma, y tú flirteas desesperadamente, Teddy...
-Daría cualquier cosa por poder decirte: "Tú también." Como no puedo, diré simplemente que no le veo nada de malo a ese jueguito si las dos partes entienden que es pura broma.
-Sí, parece agradable, pero yo no puedo aprender cómo se hace. Lo he ensayado, porque una se siente rara si no hace lo que todos los demás, pero parece que e mí no me resulta -dijo Jo, olvidando su papel de mentor.

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