Las Mujercitas se casan (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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-¡No, no, no la llames, no le digas nada! Ya me voy a mejorar. Acuéstate conmigo y acaríciame la cabeza. Me dormiré pronto. De veras que sí.
Jo la obedeció, pero cuando pasaba su mano por la frente calenturienta de Beth el corazón parecía dolerle y ansiaba hablar. Pero, joven como era, Jo había aprendido ya que las almas, como las flores, no pueden ser manejadas sino con suavidad, y únicamente dijo, en el tono de mayor ternura que pudo:
-¿Hay algo que te perturba, queridísima?
-Sí. Jo -y esto lo dijo después de una larga pausa.
-¿Y no te consolaría contarme qué es?
-No, ahora no; no todavía.
-Entonces no te pregunto nada más, pero acuérdate, Beth, que mamá y yo siempre nos alegraremos de que nos lo digas y de ayudarte si es que podemos.
-Ya lo sé, querida Jo, ya te lo diré más adelante.
-¿Se te ha pasado el dolor?
-¡Oh, sí, está mucho mejor! ¡Qué gran consuelo eres para mí, Jo! ...
-Duérmete ahora, Beth; yo me quedaré a tu lado.
Así, mejilla con mejilla, se durmieron, y al día siguiente Beth parecía ya la misma de siempre, pues a los dieciocho años ni cabezas ni corazones duelen por mucho tiempo.
Pero Jo había tomado una decisión y después de pon
derar su proyecto durante varios días se lo confió a su madre.
-Me preguntaste el otro día cuáles eran esos deseos míos y te voy a comunicar por lo menos uno de ellos, mamá -comenzó un día que estaban las dos solas-. Quiero irme por un tiempo esté invierno para cambiar de ambiente.
-¿Por qué motivo, Jo? -dijo su madre levantando la vista como si las palabras de Jo sugiriesen un doble sentido.
Sin levantar los ojos de la costura, Jo le respondió muy seria:
-Estoy ansiando algo nuevo, me siento inquieta y deseo ver, hacer y aprender otra cosa que lo que veo y hago siempre. Necesito algún estímulo nuevo para trabajar; así, pues, mamá, que si puedes pasarte sin mí este invierno me gustaría volar por un trechito y probar mis alas.
-¿Adónde vas a volar?
-A Nueva York, ayer se me ocurrió una gran idea. ¿Te, acuerdas que la señora de Kirke te escribió hace un tiempo preguntando si sabías de alguna joven respetable para dar clases a sus chicos y para coser? Es bastante difícil encontrar la persona conveniente, pero creo que ye serviría para el caso.

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