Las Mujercitas se casan (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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-¿Estás segura de sus sentimientos por ti?
El sonrojo se acentuó en las mejillas de Jo al responder, con la mirada de placer mezclado con orgullo y pena que tienen las muchachas cuando hablan de sus primeros enamorados.
-Mucho me temo que sí, mamá, aunque nada ha dicho todavía, pero todo está en cómo me mira... Creo que es mejor que me mande mudar antes que la cosa se agrave.
-Estoy de acuerdo contigo, y si pueden arreglarse las cosas te prometo que irás a Nueva York.
Jo pareció aliviada y dijo, risueña:
-¡Cómo se alegrará lo señora de Moffat de que Anita puede abrigar esperanzas todavía!...
-¡Ah, Jo querida, las madres pueden diferir mucho en sus "manejos", como tú les llamas, pero la esperanza es siempre la misma en todas: el deseo de ver a sus hijos felices! Meg lo es y yo estoy contenta de su éxito. A ti te dejo que disfrutes de tu libertad hasta que te canses de ella, pues sólo entonces vas a descubrir que hay algo más dulce en la vida. Ame es mi gran preocupación en este momento, pero creo que su buen sentido la va a ayudar a elegir bien. En cuanto a Beth, no puedo tener otra esperanza que la de volverla a ver sana. De paso, ¿no parece estar más contenta estos últimos días? ¿Acaso habrás hablado con ella.
-Sí, mamá. Admitió que tenía una aflicción y me prometió comunicármela más adelante. No quise insistir porque creo saber qué es. -Y Jo contó entonces su pequeña historia.
La señora no adoptó esa interpretación romántica del caso, pero se puso seria y repitió su opinión de que por Laurie, era mejor que Jo se marchase por un tiempo.
-¡No le digamos nada a él hasta que el plan sea más definitivo: entonces me escaparé antes de que pueda darse cuenta y se ponga trágico. Beth, por su parte, debe crees que me voy para hacerme el gusto, como es en realidad, porque no puedo hablarle a ella de Laurie; en cambio ella sí que puede mimar y consolar a Laurie cuando yo me haya ido, y así curarlo de esta chifladura romántica que le ha dado.
El proyecto fue discutido en consejo de familia y hubo acuerdo general, pues la señora Kirke aceptó a Jo encantada y prometió hacerle un agradable ambiente de hogar en su casa.

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