Las Mujercitas se casan (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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-Prut... Todo sale mal este día...
¡Pobre hombre! ... le tuve lástima, y cuando las chicas se fueron lo volví a espiar a ver si sobrevivía. Parecía haberse tirado de espalda en la silla, agotado, y allí se quedó, con los ojos cerrados, hasta que-el reloj dio las dos. Entonces se levantó de un salto, se llenó los bolsillos de libros, como preparándose para otra clase, y cargando en brazos a Tina se la llevó en silencio de allí. Me parece que lo pasa bastante mal.
Le señora me preguntó esa noche si no me gustaría bajar para la comida, y sintiéndome con un poco de nostalgia me pareció mejor hacelo para ver qué clase de gente vive bajo mi mismo techo. Me puse presentable y traté de pasar inadvertida detrás de la señora Kirke. Pero como ella es bajita y yo alta, más bien fracasaron mis esfuerzos de ocultamiento. Me sentó al lado de ella y una vez que se me pasó el sonrojo cobré coraje y me puse a mirar a mi alrededor. La larga mesa estaba repleta y todo el mundo atento a su comida, especialmente los caballeros, que parecían haber sido contratados para comer, pues engullían, en todo el sentido de la palabra, desapareciendo no bien habían terminado. Había el acostumbrado contingente de jóvenes ensimismados, de parejas absortas el uno en el otro, de señoras en sus bebés, y de señores viejos en la política. No creo que me interese hacer amistad con ninguno, con excepción de una señorita solterona de rostro dulce, que parece que tuviese algo interesante en su persona.
Abandonado, allá al final de la mesa, estaba el profesor, dando a gritos sus respuestas a las preguntas de un viejo señor sordo sentado a un lado y hablando de filosofía con un francés que tenía al otro. Si Amy hubiese estado presente le hubiese dado vuelta la espalda para siempre porque -y es muy triste tener que consignarlo- el hombre tenía un apetito imponente e ingería la comida de una manera que hubiese horrorizado a "Su Señoría". A mí no me importó, porque me gusta ver que la gente "coma con fruición", como dice Ana, y el pobre hombre debe necesitar una buena cantidad de "lastre" después de dar clase todo el día a un hato de idiotas.
Mientras subía a mi cuarto después de la comida dos de los jóvenes pensionistas se

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