Las Mujercitas se casan (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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ella andaba revolviendo las cosas.
-¿Ha visto usted en su vida semejante leonera, querida? Venga, por favor, y ayúdeme a ordenar estos libros porque he revuelto todo tratando de descubrir qué es lo que ha hecho con los seis pañuelos nuevos a que le di hace poco.
Así fue como entré allí, y mientras trabajábamos miraba a mi alrededor, porque realmente era una "leonera". Libros y papeles por todos lados, una pipa rota de espuma de mar y una vieja flauta sobre la chimenea; botecitos a medio terminar y pedazos de piolín andaban mezclados con los manuscritos; botitas embarradas, de niño, se secaban ante el fuego y por todo el cuarto se encontraban vestigios o señales de los queridos chiquillos por quienes él se esclaviza. Después de hacer un gran revoltijo fueron encontrados tres de los artículos busca­dos, uno cubriendo la jaula del pájaro, otro todo manchado de tinta y un tercero horriblemente quemado.
-¡Qué hombre éste... -decía riendo la buenaza señora Kirke mientras ponía aquellas reliquias en la bolsa de los trapos-. Me imagino que los restantes los habrá roto para hacer velámenes para barquitos o vendar deditos cortados o hacer colas de barriletes. Es algo espan­toso, pero me es imposible regañarlo; ¡es tan distraído y de tan buena índole que deja que estos chicos le caminen encima herrados con púas!... Yo consentí en ocuparme de su ropa, incluso lavado y remiendo, pero siempre se olvida de dar sus cosas a lavar y yo de repasarlas, de modo que el pobre sale siempre mal.
-Permítame, señora, que las remiende ye -le dije. De verdad que no me importa, y él no tiene por qué enterarse. Además, me gustaría... ¡es tan bueno conmigo, trayéndome siempre las cartas y prestándome libros!
Y ahí tienes cómo, querida Beth, salí poniendo orden en las cosas del señor Bhaer, llegando hasta a tejerle los talones de los calcetines rotos porque él los deforma todos con sus estrambóticos zurcidos Como nadie habló del asunto, yo esperaba que él no se enteraría, pero un día, la semana pasada, me pescó... Te contaré cómo fue: en primer lugar, me ha interesado mucho oír las clases de alemán que da a sus alumnos, y como Tina entra y sale a cada rato de la sala y deja la puerta abierta, yo oigo todo. Se me ocurrió así la idea de aprender yo también el alemán.

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