Las Mujercitas se casan (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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El profesor ayudó a Jo de muchos modos, dando pruebas de ser un verdadero amigo, y aunque su pluma yacía ociosa, ella iba aprendiendo muchas otras cosas además del alemán y cavando los cimientos de la historia "sensacional" de su vida.
Fue un invierno agradable y ¡largo!, pues Jo no dejó a la señora Kirke hasta junio. Todo el mundo pareció sentirlo cuando llegó el momento de marcharse. Los chicos estaban inconsolables y el señor Bhaer andaba despeinado, como siempre que algo le preocupaba.
-Nos vamos a casa, ¿eh? Usted feliz que tiene un hogar adonde volver -le dijo cuando ella se lo comunicó, y durante una pequeña recepción que ofreció la víspera de su partida el profesor se lo pasó sentado en un rincón muy calladito.
Como partía temprano, Jo se despidió de todos esa noche, y cuando le llegó el turno a Bhaer le dijo con calor sincero:
-Bueno, señor, no se olvide de venir a visitarnos, si alguna vez viaja por allí. Nunca lo perdonaré si no va, pues quiero que todos conozcan a mi amigo.
4 Autores norteamericanos altamente morales.

-¿De veras? ¿Quiere que vaya a su casa? -preguntó él, mirándola con una expresión en que ella no paró mientes.
-Sí, naturalmente. Venga usted el mes que viene cuando se reciba Laurie. Seguramente la colación de grados le va a resultar algo nuevo.
-¿Ése es su mejor amigo, de quien habla? -dijo entonces el profesor, con tono alterado.
-Sí, Teddy, al que yo llamo "mi muchacho". Estoy muy orgullosa de él y me gustaría que usted lo conociese.
En eso levantó Jo la vista, completamente inconsciente de otra cosa que del placer que anticipaba el encuentro de los dos. Algo que vio en la cara de Bhaer le recordó que posiblemente iba a encontrar en Laurie algo más que un "amigo precisamente porque deseaba que no pareciese que pasaba algo comenzó sin querer a enrojecer, y cuanto más se empeñaba en no hacerlo más roja se ponía.
La fisonomía de Bhaer cambió de la momentánea inquietud anterior a su expresión habitual al decirle con toda cordialidad:
-Me temo que no voy a tener tiempo para visitarlos, pero le deseo mucho éxito a su amigo, y a usted la mayor felicidad. ¡Dios la bendiga!.. . -y con eso le estrechó la mano con calor, cargó a Tina al hombro y se marchó.

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