Las Mujercitas se casan (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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Después que los chicos estuvieron acostados, el pobre hombre se estuvo largo rato sentado junto al fuego con expresión cansada y la nostalgia pesándole en el alma. En una de ésas recordó a Jo sentada con la chiquita en las faldas y aquella suavidad nueva en su cara y entonces apoyó la cabeza en las manos por un minuto.
"No es para mí..., ahora no debo esperarlo", se dijo para sí con un suspiro que casi parecía un gemido; luego, como reprochándose aquel anhelo que no podía reprimir, fue a besar las dos cabezas enmarañadas sobre la almohada y sacando su pipa de espuma de mar, que rara vez usaba, abrió su Platón y se puso a leer, pero no creo que un par de chicos exuberantes, una pipa, ni aun el divino Platón fuesen satisfactorios sustitutos de esposa, hijos y hogar.
A pesar de lo temprano de la hora, allí estuvo en la estación a la mañana siguiente a despedir a Jo, y gracias a él la chica comenzó su viaje solitario con el grato recuerdo de una cara amiga sonriendo al despedirse, un ramo de violetas para hacerle compañía y, mejor que todo eso, este pensamiento feliz:
"¡Bueno, ha pasado este invierno y no he escrito ningún libro ni ganado fortuna alguna, pero me he hecho de un amigo digno de tenerse y trataré de conservarlo toda mi vida!..."

XII
DOLOR DE CORAZÓN

Cualquiera que haya sido su motivo para ello, lo cierto es que Laurie estudió aquel año con resultado, pues se graduó con honores, y según afirmaron sus amigos recitó la oración final con la gracia y elocuencia de un Demóstenes. Todos estuvieron presentes: su abuelo -¡orgullosísimo!-, el señor y la señora March, Juan y Meg, Jo y Beth, y regocijándose de su triunfo.
-Tengo que quedarme aquí para esta maldita cena de despedida, pero estaré en casa mañana temprano. Saldrán a esperarme como de costumbre, ¿verdad, chicas? -les dijo Laurie al acompañarlas hasta el coche cuando hubieron terminado los agasajos del día. Decía "chicas", pero significaba "Jo", puesto que ella era la única disponible en un día como aquél; la muchacha no tuvo alma de negarle nada a tan espléndido triunfador, y respondió con calor: -Allí estaré, Teddy, llueva o truene, y marcharé escoltándote con un birimbao para tocarte ";Aquí viene el héroe conquistador!"5.
Laurie le agradeció con una mirada que le hizo pensar con pánico súbito:

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