Las Mujercitas se casan (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

Página 120 de 229

Semejante actitud no era favorable para la conversación serena ni el claro pensamiento; ¿cómo podía decir a su muchacho cosas duras mientras veía esos ojos llenos de amor y ansiedad y en las pestañas aún quedaban rastros de las gotas amargas que le había arrancado la dureza de su corazón? Así es que Jo volvió la cabeza y habló mientras acariciaba el pelo ondeado que él se había dejado crecer por ella.
-Yo estoy de acuerdo con mamá en que tú y yo no cuadramos el uno para el otro, pues nuestros genios vivos y voluntades firmes nos harían probablemente sentir muy desdichados si fuésemos tan necios como para cas... -Jo se detuvo ante esta palabra, pero Laurie la pronunció con expresión embelesada:
-¿Casarnos? ¡Qué va! No podríamos ser desgraciados si tú me quisieras, Jo. Y yo me convertiría en un santo perfecto porque tú haces de mí lo que quieres.
-¡Qué esperanza! Ya lo he probado, y no voy a arriesgar nuestra felicidad con un experimento tan serio como ése. No estamos de acuerdo y nunca lo estaremos, de modo que seamos amigos toda la vida pero no hagamos nada precipitado ni imprudente.
-Ya lo creo que lo haremos si tenemos la oportunidad -farfulló Laurie, con tono de rebeldía.
-Sé razonable, querido, y toma un punto de vista sensato de la cosa -imploró Jo, probando que no sabía nada de asuntos de amor.
-No quiero ser razonable y no voy a tomar lo que tú llamas un "punto de vista sensato", pues a mí nada me resolvería y a ti sólo consigue ponerte más dura. No creo que tengas corazón.
-¡Ojalá fuera así!...
Había un pequeño temblor en la voz de Jo y tomándolo como un buen augurio, Laurie se dio vuelta, utilizando al máximo su poder de persuasión al decirle con el tono más embaucador que pudo y que nunca lo fue tanto como en ese momento:
-¡No nos defraudes, querida! Todo el mundo lo esperaba... Abuelo ha cifrado en este casamiento todas sus esperanzas... Tu familia también... y en cuanto a mí... yo no puedo vivir sin ti. Di que sí y seamos felices.
Hasta varios meses después Jo no comprendió cómo había tenido la fuerza de voluntad para mantener su resolución. Fue muy difícil, pero pudo hacerlo sabiendo que toda demora sería inútil, además de cruel.

Página 120 de 229
 


Grupo de Paginas:             

Compartir:




Diccionario: