Alicia en el país de las maravillas (Lewis Carroll) Libros Clásicos

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Pero zampó el ganso hasta los huesos frágiles-
A ver, señor, ¿que es el tino?"

Cuando joven," dijo su padre,
"me empeñé en ser abogado,
Y discutía la ley con mi esposa;
Y por eso, toda mi vida me ha durado
Una mandíbula muy fuerte y musculosa."

"Ha envejecido y sería muy raro," dijo el chico,
"Si aún tuviera la vista perfecta;
¿Pues cómo hizo bailar en su pico
Esta anguila de forma tan recta?"

"Tres preguntas ya has posado,
Y a ninguna más contestaré.
Si no te vas ahora mismo,
¡Vaya golpe que te pegaré!

-Eso no está bien -dijo la Oruga.
-No, me temo que no está del todo bien -reconoció Alicia con timidez-.
Algunas palabras tal vez me han salido revueltas.
-Está mal de cabo a rabo- sentenció la Oruga en tono implacable, y siguió un silencio de varios minutos.
La Oruga fue la primera en hablar.
¿Qué tamaño te gustaría tener? -le preguntó.
-No soy difícil en asunto de tamaños -se apresuró a contestar Alicia-. Sólo que no es agradable estar cambiando tan a menudo, sabe.
-No sé nada -dijo la Oruga. Alicia no contestó. Nunca en toda su vida le habían llevado tanto la contraria, y sintió que se le estaba acabando la paciencia.
-¿Estás contenta con tu tamaño actual? -preguntó la Oruga.
-Bueno, me gustaría ser un poco más alta, si a usted no le importa. ¡Siete centímetros es una estatura tan insignificante!
¡Es una estatura perfecta! -dijo la Oruga muy enfadada, irguiéndose cuan larga era (medía exactamente siete centímetros).
-¡Pero yo no estoy acostumbrada a medir siete centímetros! se lamentó la pobre Alicia con voz lastimera, mientras pensaba para sus adentros: «¡Ojalá estas criaturas no se ofendieran tan fácilmente!»
-Ya te irás acostumbrando -dijo la Oruga, y volvió a meterse la pipa en la boca y empezó otra vez a fumar.
Esta vez Alicia esperó pacientemente a que se decidiera a hablar de nuevo. Al cabo de uno o dos minutos la Oruga se sacó la pipa de la boca, dio unos bostezos y se desperezó. Después bajó de la seta y empezó a deslizarse por la hierba, al tiempo que decía:
-Un lado te hará crecer, y el otro lado te hará disminuir.
-Un lado ¿de qué? El otro lado ¿de que? -se dijo Alicia para sus adentros.
-De la seta -dijo la Oruga, como si la niña se lo hubiera preguntado en voz alta.

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