Alicia en el país de las maravillas (Lewis Carroll) Libros Clásicos

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Entonces la Reina abandonó la partida, casi sin aliento, y le preguntó a Alicia :
-¿Has visto ya a la Falsa Tortuga?
-No -dijo Alicia-. Ni siquiera sé lo que es una Falsa Tortuga.
-¿Nunca has comido sopa de tortuga? -preguntó la Reina-. Pues hay otra sopa que parece de tortuga pero no es de auténtica tortuga. La Falsa Tortuga sirve para hacer esta sopa.
-Nunca he visto ninguna, ni he oído hablar de ella -dijo Alicia.
-¡Andando, pues! -ordenó la Reina-. Y la Falsa Tortuga te contará su historia.
Mientras se alejaban juntas, Alicia oyó que el Rey decía en voz baja a todo el grupo: «Quedáis todos perdonados.» «¡Vaya, eso sí que está bien!», se dijo Alicia, que se sentía muy inquieta por el gran número de ejecuciones que la Reina había ordenado.
Al poco rato llegaron junto a un Grifo, que yacía profundamente dormido al sol. (Si no sabéis lo que es un grifo, mirad el dibujo).
-¡Arriba, perezoso! -ordenó la Reina-. Y acompaña a esta señorita a ver a la Falsa Tortuga y a que oiga su historia. Yo tengo que volver para vigilar unas cuantas ejecuciones que he ordenado.
Y se alejó de allí, dejando a Alicia sola con el Grifo. A Alicia no le gustaba nada el aspecto de aquel bicho, pero pensó que, a fin de cuentas, quizás estuviera más segura si se quedaba con él que si volvía atrás con el basilisco de la Reina. Así pues, esperó.
El Grifo se incorporó y se frotó los ojos; después estuvo mirando a la Reina hasta que se perdió de vista; después soltó una carcajada burlona.
-¡Tiene gracia! -dijo el Grifo, medio para sí, medio dirigiéndose a Alicia.
-¿Qué es lo que tiene gracia? -preguntó Alicia.
-Ella -contestó el Grifo. Todo son fantasías suyas. Nunca ejecutan a nadie, sabes. ¡Vamos!
«Aquí todo el mundo da órdenes», pensó Alicia, mientras lo seguía con desgana.
«¡No había recibido tantas órdenes en toda mi vida! ¡Jamás!»No habían andado mucho cuando vieron a la Falsa Tortuga a lo lejos, sentada triste y solitaria sobre una roca, y, al acercarse, Alicia pudo oír que suspiraba como si se le partiera el corazón. Le dio mucha pena.
-¿Qué desgracia le ha ocurrido? -preguntó al Grifo.
Y el Grifo contestó, casi con las mismas palabras de antes:
-Todo son fantasías suyas. No le ha ocurrido ninguna desgracia, sabes.
¡Vamos!
Así pues, llegaron junto a la Falsa Tortuga, que los miró con sus grandes ojos llenos de lágrimas, pero no dijo nada.

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