A través del espejo (Lewis Carroll) Libros Clásicos

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El Rey estaba entonces diciéndole a la Reina:
-¡Te aseguro, querida, que se me helaron hasta las puntas de los bigotes!
A lo que la Reina le replicó:
-¡Pero si no tienes ningún bigote!
-¡No me olvidaré jamás, jamás -continuó el Rey- del horror de aquel momento espantoso!
-Ya verás como sí lo olvidas -convino la Reina- si no redactas pronto un memorándum del suceso.
Alicia observó con mucho interés cómo el Rey sacaba un enorme cuaderno de notas del bolsillo y empezaba a escribir en él. Se le ocurrió entonces una idea irresistible y cediendo a la tentación se hizo con el extremo del lápiz, que se extendía bastante más allá por encima del hombro del Rey, y empezó a obligarle a escribir lo que ella quería.
El pobre Rey, poniendo cara de considerable desconcierto y contrariedad, intentó luchar con el lápiz durante algún tiempo sin decir nada; pero Alicia era demasiado fuerte para él y al final jadeó:
-¡Querida! Me parece que no voy a tener más remedio que conseguir un lápiz menos grueso. No acabo de arreglármelas con este, que se pone a escribir toda clase de cosas que no responden a mi intención...
-¿Qué clase de cosas! -interrumpió la Reina, examinando por encima el cuaderno (en el que Alicia había anotado el caballo blanco se está deslizando por el hierro de la chimenea. Su equilibrio deja mucho que desear)-. ¡Eso no responde en absoluto a tus sentimientos!
Un libro yacía sobre la mesa, cerca de donde estaba Alicia, y mientras ésta seguía observando de cerca al Rey (pues aún estaba un poco preocupada por él y tenía la tinta bien a mano para echársela encima caso de que volviera a darle otro soponcio) comenzó a hojearlo para ver si encontraba algún párrafo que pudiera leer, -...pues en realidad parece estar escrito en un idioma que no conozco- se dijo a sí misma.
Y en efecto, decía así: Durante algún tiempo estuvo intentando descifrar este pasaje, hasta que al final se le ocurrió una idea luminosa:

-¡Claro! ¡Como que es un libro del espejo! Por tanto, si lo coloco delante del espejo las palabras se pondrán del derecho.
Y este fue el poema que Alicia leyó entonces:

GALIMATAZO

Brillaba, brumeando negro, el sol;
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas;

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