A través del espejo (Lewis Carroll) Libros Clásicos

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mimosos se fruncían los borogobios
mientras el momio rantas murgiflaba.

¡Cuidate del Galimatazo, hijo mío!
¡Guárdate de los dientes que trituran
Y de las zarpas gue desgarran!
¡Cuidate del pájaro Jubo-Jubo y
que no te agarre el frumioso Zamarrajo!

Valiente empuñó el gladio vorpal;
a la hueste manzona acometió sin descanso;
luego, reposóse bajo el árbol del Tántamo
y quedóse sesudo contemplando...

Y asi, mientras cabilaba firsuto.
¡¡Hete al Galimatazo, fuego en los ojos,
que surge hedoroso del bosque turgal
y se acerca raudo y borguejeando!!

¡Zis, zas y zas! Una y otra vez
zarandeó tijereteando el gladio vorpal!
Bien muerto dejó al monstruo, y con su testa
¡volvióse triunfante galompando!

¡¿Y haslo muerto?! ¡¿Al Galimatazo?!
¡Ven a mis brazos, mancebo sonrisor!
¡Qué fragarante día! ¡Jujurujúu! ¡Jay, jay!
Carcajeó, anegado de alegria.

Pero brumeaba ya negro el sol agiliscosos giroscaban los limazones banerrando por las váparas lejanas, mimosos se fruncian los borogobios mientras el momio rantas necrofaba...
-Me parece muy bonito -dijo Alicia cuando lo hubo terminado-, sólo que es
algo difícil de comprender (como veremos a Alicia no le gustaba confesar, y ni
siquiera tener que reconocer ella sola, que no podía encontrarle ni pies ni cabeza
al poema). Es como si me llenara la cabeza de ideas, ¡sólo que no sabría decir
cuáles son! En todo caso, lo que sí está claro es que alguien ha matado a algo...

-Pero ¡ay! ¡Si no me doy prisa voy a tener que volverme por el espejo antes de
haber podido ver cómo es el resto de esta casa! ¡Vayamos primero a ver el
jardín!
Salió del cuarto como una exhalación y corrió escaleras abajo... aunque, pensándolo bien, no es que corriera, sino que parecía como si hubiese inventado una nueva manera de descender veloz y rápidamente por la escalera, como se dijo Alicia a sí misma: le bastaba con apenas apoyar la punta de los dedos sobre la barandilla para flotar suavemente hacia abajo sin que sus pies siquiera tocaran los escalones. Luego, flotó por el vestíbulo y habría continuado, saliendo despedida por la puerta del jardín, si no se hubiera agarrado a la jamba. Tanto flotar la estaba mareando, un poco, así que comprobó con satisfacción que había comenzado a andar de una manera natural.

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