A través del espejo (Lewis Carroll) Libros Clásicos

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-Pero ya sabemos que no es por culpa tuya -interpuso generosamente la rosa-. Ya vemos que te estás empezando a ajar y cuando eso pasa, ya se sabe, no se puede evitar que se le desordenen a una un poco los pétalos.
A Alicia no le gustaba nada esa idea, de forma que para cambiar el tema de la conversación continuó preguntando:
-¿Y viene por aquí alguna vez?
-Estoy segura de que la verás dentro de poco -le aseguró la rosa-. Es de esa clase que lleva nueve puntas, ya sabes.
-Y ¿dónde las lleva! -preguntó Alicia con alguna curiosidad.
-Pues alrededor de la cabeza, naturalmente -replicó la rosa-. Me estaba preguntando precisamente por qué será que no tienes tú unas cuantas también. Creía que así es como debía ser por regla general.
-¡Ahí viene! -gritó una espuela de caballero-. Oigo sus pasos, pum, pum, avanzando por la gramilla del sendero.
Alicia miró ansiosamente a su alrededor y se encontró con que era la Reina roja.
-¡Pues sí que ha crecido!- fue su primera observación; pues, en efecto, cuando Alicia la vio por primera vez entre las cenizas de la chimenea no tendría más de tres pulgadas de altura... y ahora, ¡hétela aquí con media cabeza más que la misma Alicia!
-Eso se lo debe al aire fresco -explicó la rosa-, a este aire maravilloso que tenemos aquí afuera.
-Creo que iré a su encuentro -dijo Alicia, porque aunque las flores tenían ciertamente su interés, le pareció que le traería mucha más cuenta conversar con una auténtica reina.
-Así no lo lograrás nunca -le señaló la rosa- Si me lo preguntaras a mí, te aconsejaría que intentases andar en dirección contraria.
Esto le pareció a Alicia una verdadera tontería, de forma que sin dignarse a responder nada se dirigió al instante hacia la Reina. No bien lo hubo hecho, y con gran sorpresa por su parte, la perdió de vista inmediatamente y se encontró caminando nuevamente en dirección a la puerta de la casa.
Con no poca irritación deshizo el camino recorrido y después de buscar a la Reina por todas partes (acabó vislumbrándola a buena distancia de ella) pensó que esta vez intentaría seguir el consejo de la rosa, caminando en dirección contraria.
Esto le dio un resultado excelente, pues apenas hubo intentado alejarse durante cosa de un minuto, se encontró cara a cara con la Reina roja y además a plena vista de la colina que tanto había deseado alcanzar.

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