A través del espejo (Lewis Carroll) Libros Clásicos

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Una cabra que estaba sentada al lado del caballero de blanco, cerró los ojos y dictaminó con voz altisonante, -Debiera conocer el camino a la oficina de billetes, ¡aunque no sepa su abecé!
Sentado al lado de la cabra iba un escarabajo (el vagón aquel iba desde luego ocupado por unos pasajeros harto extraños) y como parecía que la regla era la de que hablasen todos por turno, ahora a éste le tocó continuar diciendo, -¡Tendrá que volver de aquí facturada como equipaje!
Alicia no podía ver quién estaba sentado más allá del escarabajo, pero sí pudo oír cómo una voz enronquecida la emprendía diciendo también algo: -¡Cambio de máquina...! -fue todo lo que pudo decir porque se le cortó la voz.
-Por la manera que tiene de hablar no sé si decir que es un caballo bronco o un gallo -pensó Alicia. Y una vocecita extremadamente ligera le dijo, muy cerca, al oído -Podrías si quisieras hacer un chiste con eso, algo así como «al caballo le ha salido un gallo».
Entonces, otra voz muy suave dijo en la lejanía -Ya sabéis, habrá que ponerle una etiqueta que diga «Frágil, niña dentro; con cuidado».
Después de esto, otras voces también intervinieron (-¡Cuánta gente parece haber en este vagón! -pensó Alicia) diciendo -Habrá que remitirla por correo, ya que lleva un traje estampado... habrá que mandarla por telégrafo... que arrastre ella misma el tren en lo que queda de camino... -y así hasta la saciedad).
Pero el caballero empapelado de blanco se inclinó hacia ella y le susurró al oído -No hagas caso de lo que están diciendo, querida: te bastará con sacar un billete de retorno cada vez que el tren se detenga.
-¡Eso sí que no! -respondió Alicia con bastante impaciencia-. Nunca tuve la menor intención de hacer este viaje por tren... hasta hace sólo un momento estaba tan tranquila en un bosque... y ahora ¡cómo me gustaría poder volver ahí de nuevo!
-Podrías hacer un chiste con eso -volvió a insinuar esa vocecilla que parecía tener tan cerca suyo-; algo así como «pudiera si gustase o gustaría si pudiese», ya sabes.
-¡Deja ya de fastidiar! -dijo Alicia, mirando en derredor para ver de dónde provenía la vocecilla-. Si tienes tantas ganas de que haga un chiste, ¡por qué no lo haces tú misma!
La pequeña vocecilla dio un hondo suspiro.

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