A través del espejo (Lewis Carroll) Libros Clásicos

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Estaba muy disgustada, evidentemente, y a Alicia le hubiera gustado decirle algo amable para consolarla -Si sólo suspirara como todo el mundo... -pensó. Pero no, aquel había sido un suspiro tan maravillosamente imperceptible que no lo hubiera oído nunca si no estuviera tan cerca de su oído. Lo que tuvo la consecuencia de hacerle muchas cosquillas y esto fue lo que la distrajo de pensar en el disgusto de la pobre y diminuta criatura.
-Yo ya sé que eres una persona amiga -continuó diciendo la vocecilla-: una buena amiga mía y de hace mucho tiempo, además. Por eso sé que no me harás daño, aunque sea un insecto.
-¿Qué clase de insecto? -preguntó Alicia con cierta ansiedad. En realidad, lo que le preocupaba era si podía o no darle un pinchazo, sólo que le pareció que no sería de muy buena educación preguntárselo así directamente.
-¡Cómo! ¿Entonces es que a ti no... -empezó a decir la vocecilla, pero cualquiera que fuese su explicación, quedó ahogada por un estridente silbato de la locomotora; todo el mundo saltó alarmado de sus asientos y Alicia también con los demás.
El caballo, que había asomado la cabeza por la ventanilla, la volvió a meter tranquilamente y dijo -No es más que un arroyo que tenemos que saltar. -Todo el mundo pareció quedar satisfecho con esta explicación, pero Alicia no las tenía todas consigo ante la idea de que el tren se pusiese a dar saltos. -Aunque si así llegamos a la cuarta casilla ¡creo que valdría la pena probarlo! -concluyó para sus adentros. Al momento siguiente sintió cómo el vagón se elevaba por los aires y con el susto que esto le dio se agarró a lo que tuviera más cerca y dio la casualidad de que esto fue la barba de la cabra.
Pero la barba pareció disolverse en el aire al tocarla y Alicia se encontró sentada tranquilamente bajo un árbol... mientras el mosquito (pues no era otra cosa el insecto con el que había estado hablando) se balanceaba sobre una rama encima de su cabeza y la abanicaba con sus alas.
Ciertamente que se trataba de un mosquito bien grande. -Tendrá el tamaño de una gallina -pensó Alicia.
De todas formas, no se iba a poner nerviosa ahora, después de que había estado charlando con él durante tanto rato como si nada.
-¿.

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