A través del espejo (Lewis Carroll) Libros Clásicos

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.. entonces, a ti no te gustan todos los insectos? -continuó su pregunta el mosquito, como si no hubiera pasado nada.
-Me gustan cuando pueden hablar -respondió Alicia-. En el lugar de donde yo vengo no hay ninguno que hable.
-¿Cuáles son los insectos que te encantan -le preguntó el mosquito- en el país de donde vienes?
-A mí no me encanta ningún insecto -explicó Alicia-, porque me dan algo de miedo... al menos los grandes. Pero, en cambio, puedo decirte los nombres de algunos.
-Por supuesto que responderán por sus nombres -observó descuidadamente el mosquito.
-Nunca me lo ha parecido.
-Entonces, ¿de qué sirve que tengan nombres, si no responden cuando los llaman?
-A ellos no les sirve de nada -explicó Alicia-, pero sí les sirve a las personas que les dan los nombres, supongo. Si no ¿por qué tienen nombres las cosas?
-¡Vaya uno a saber! -replicó el mosquito-. Es más, te diré que en ese bosque, allá abajo, las cosas no tienen nombre. Sin embargo, adelante con esa lista de insectos, que estamos perdiendo el tiempo.
-Bueno, pues primero están los tábanos, que están siempre molestando a los caballos -reanudó Alicia, llevando la cuenta con los dedos.
-¡Vale! -le interrumpió el mosquito-: Pues allí, encaramado en medio de ese arbusto, verás a un tábano-de-caballitos-de-madera. También él está todo hecho de madera y se mueve por ahí balanceándose de rama en rama.
-¿De qué vive? -preguntó Alicia, con gran curiosidad.
- Pues de savia y serrín -respondió el mosquito-. ¡Sigue con esa lista!
Alicia contempló al tábano-de-aballitos-de-madera con gran interés y decidió que seguramente lo acababan de repintar porque tenía un aspecto tan brillante y pegajoso; y entonces continuó:
-Luego, está la luciérnaga.
-Mira ahí, sobre esa rama encima de tu cabeza -señaló el mosquito- y verás una hermosa luciérnaga de postre. Su cuerpo está hecho de budín de pasas, sus alas de hojas de acebo y su cabeza es una gran pasa flameando al coñac.
-¿Y de qué vive? -preguntó Alicia, igual que antes.
-Pues de turrones y mazapán -respondió el mosquito -, y anida dentro de una caja de aguinaldos.
-Luego, tenemos a la mariposa -continuó Alicia, después de haber echado un buen vistazo al insecto de la flameante cabeza y de haberse preguntado -¿Y no será por eso que a los insectos les gusta tanto volar hacia la llama de las velas.

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