A través del espejo (Lewis Carroll) Libros Clásicos

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Muy pronto llegó a un campo abierto con un bosque al fondo: parecía mucho más oscuro y espeso que el anterior y Alicia se sintió algo atemorizada de adentrarse en él. Pero, después de pensarlo, se sobrepuso y decidió continuar adelante: -Porque desde luego no voy a volverme atrás -decidió mentalmente; y además era la única manera de llegar a la octava casilla.
-Este debe ser el bosque -se dijo, preocupada- en el que las cosas carecen de nombre. Me pregunto, ¿qué le sucederá al mío cuando entre en él? No me gustaría perderlo en absoluto... porque en ese caso tendrían que darme otro y estoy segura de que sería uno feísimo. Pero si asi fuera ¡lo divertido será buscar a la criatura a la que la hayan dado el mío! Seria igual que en esos anuncios de los periódicos que pone la gente que pierde a sus perros... «responde por el nombre de ´Chispa´; lleva un collar de bronce...» ¡Qué gracioso sería llamar a todo lo que viera «Alicia» hasta que algo o alguien respondiera! Sólo que si supieran lo que es bueno se guardarían mucho de hacerlo.
Estaba argumentando de esta manera cuando llegó al lindero del bosque: tenía un aspecto muy fresco y sombreado.
-Bueno, al menos vale la pena -dijo mientras se adentraba bajo los árboles-, después de haber pasado tanto calor, entrar aquí en este... en este... ¿en este qué? -repetía bastante sorprendida de no poder acordarse de cómo se llamaba aquello-. Quiero decir, entrar en el ... en el... bueno... vamos, ¡aquí dentro! -­afirmó al fin, apoyándose con una mano sobre el tronco de un árbol-. ¿Cómo se llamará todo esto? Estoy empezando a pensar que no tenga ningún nombre... ¡Como que no se llama de ninguna manera!
Se quedó parada ahí pensando en silencio y continuó súbitamente sus cavilaciones: -Entonces, ¡la cosa ha sucedido de verdad, después de todo! Y ahora, ¿quién soy yo? ¡Vaya que si me acordaré! ¡Estoy decidida a hacerlo! -Pero de nada le valía toda su determinación y todo lo que pudo decir, después de mucho hurgarse la memoria, fue -L. ¡Estoy segura de que empieza por L!
En ese preciso momento se acercó un cervato a donde estaba Alicia; se puso a mirarla con sus tiernos ojazos y no parecía estar asustado en absoluto. - iVen! ¡Ven aquí! -le llamó Alicia, alargando la mano e intentando acariciarlo; pero el cervato se espantó un poco y apartándose unos pasos se la quedó mirando.

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