A través del espejo (Lewis Carroll) Libros Clásicos

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-¡De ninguna manera! -se apresuró a gritar Tweedledum cerrando la boca luego con la misma brusquedad.
-¡Alumno número dos! -continuó Alicia, señalando esta vez a Tweedledee, segura de que iba a responderle en seguida gritando «¡Por el contrario!» como en efecto sucedió.
-¡Lo has empezado todo muy mal! -exclamó Tweedledum-. Lo primero que se hace en una visita es saludarse con un «hola, ¿que tal?» y luego ¡un buen apretón de manos! -Y diciendo esto los dos hermanos se dieron un fuerte abrazo y extendieron luego sendas manos para que Alicia se las estrechara.
Alicia no se atrevía a empezar dándole la mano a ninguno de los dos, por miedo de herir los sentimientos del otro; de forma que pensando salir así lo mejor que podía del mal paso, tomó ambas manos a la vez con las dos suyas: al momento se encontraron los tres bailando en corro. Esto le pareció entonces a Alicia de lo más natural (según recordaría más tarde) e incluso no le sorprendió nada oír un poco de música; parecía que provenía de algún lugar dentro del árbol bajo el cual estaban danzando y (por lo que pudo entrever) parecía que la estaban tocando sus mismas ramas, frotándose las unas contra las otras como si fueran arcos y violines.
-¡Sí que tenía gracia aquello -solía decir Alicia cuando le contaba luego a su hermana toda esta historia- encontrarme de pronto cantando en corrillo «que llueva, que llueva, la vieja está en la cueva»! La cosa es que no sé exactamente cuándo empecé a hacerlo, pero entonces ¡sentía como si lo hubiese estado cantando durante mucho, mucho tiempo!
Como los otros dos bailarines eran gordos, pronto se quedaron sin aliento. -Cuatro vueltas son suficientes para esta danza -jadeó trabajosamente Tweedledum; y dejaron de bailar tan súbitamente como habían empezado; también se interrumpió la música al mismo tiempo.
Ambos soltaron entonces las manos de Alicia y se la quedaron contemplando durante un minuto: se produjo una pausa un tanto azarante, pues Alicia no sabía cómo iniciar una conversación con unas personas con las que acababa de estar bailando. -Este sí que no es el momento de decir «hola, ¿como estás?» - se dijo a s i misma. Me parece que ya hemos superado esta etapa.
-Espero que no estéis demasiado cansados -dijo Alicia al fin.
-¡De ninguna manera! Pero mil gracias por tu interés -contestó Tweedledum.

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