A través del espejo (Lewis Carroll) Libros Clásicos

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Pero nadie le respondía...
y esto sí que no tenía nada de extraño,
pues se las habían zampado todas.

De los dos el que más me gusta es la morsa -comentó Alicia- porque al menos a esa le daban un poco de pena las pobres ostras.
-Sí, pero en cambio, comió más ostras que el carpintero -corrigió Tweedledee-resulta que tapándose con el pañuelo se las iba zampando sin que el carpintero pudiera contarlas sino, ¡por el contrario!
-¡Eso si que está mal! -exclamó Alicia indignada-. En ese caso, me gusta más el carpintero... siempre que no haya comido más ostras que la morsa.
-Pero en cambio se tragó todas las que pudo -terció Tweedledum.
El dilema la dejó muy desconcertada. Después de una pausa, Alicia concluyó: -¡Bueno! ¡Pues ambos eran unos tipos de muy mala catadura...!- Pero al decir esto se contuvo, algo alarmada al oír algo que sonaba como el jadear de una gran locomotora en el interior del bosque que los rodeaba, aunque lo que Alicia verdaderamente temía es que se tratase de alguna bestia feroz. -Por casualidad, ¿hay leones o tigres por aquí cerca? -preguntó tímidamente.
-No es más que el Rey rojo que está roncando -explicó Tweedledee.
-¡Ven, vamos a verlo! -exclamaron los hermanos y tomando cada uno una mano de Alicia la condujeron a donde estaba el Rey.
-¿No te parece que está precioso? -dijo Tweedledum.
Alicia no podía asegurarlo sinceramente: el Rey llevaba puesto un gran gorro de dormir con una borla en la punta, y estaba enroscado, formando como un bulto desordenado; roncaba tan sonoramente que Tweedledum observó: -Como si se le fuera a volar la cabeza a cada ronquido.
-Me parece que se va a resfriar si sigue ahí tumbado sobre la hierba húmeda -­dijo Alicia, que era una niña muy prudente y considerada.
-Ahora está soñando -señaló Tweedledee- ¿y a que no sabes lo que está soñando?
-¡Vaya uno a saber! -replicó Alicia- ¡Eso no podría adivinarlo nadie!
-¡Anda! ¡Pues si te está soñando a ti! -exclamó Tweedledee batiendo palmas en aplauso de su triunfo-. Y si dejara de soñar contigo, ¿qué crees que te pasaría?
-Pues que seguiría aquí tan tranquila, por supuesto -respondió Alicia.
-¡Ya! ¡Eso es lo que tú quisieras -replicó Tweedledee con gran suficiencia-. ¡No estarías en ninguna parte!

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