A través del espejo (Lewis Carroll) Libros Clásicos

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¡Cómo que tú no eres más que un algo con lo que está soñando!
-Si este Rey aquí se nos despertara -añadió Tweedledum- tu te apagarías... ¡zas! ¡Como una vela!
-¡No es verdad -exclamó Alicia indignada-. Además, si yo no fuera más que algo con lo que está soñando, ¡me gustaría saber lo que sois vosotros!
-¡Eso, eso! -dijo Tweedledum.
-¡Tú lo has dicho! -exclamó Tweedledee.
Tantas voces daban que Alicia no pudo contenerse y les dijo: -¡Callad! Que lo vais a despertar como sigáis haciendo tanto ruido.
-Eso habría que verlo; lo que es a ti de nada te serviría hablar de despertarlo -­dijo Tweedledum- cuando no eres más que un objeto de su sueño. Sabes perfectamente que no tienes ninguna realidad.
-¡Que sí soy real! -insistió Alicia y empezó a llorar.
-Por mucho que llores no te vas a hacer ni una pizca más real -observó Tweedledee- y además no hay nada de qué llorar.
-Si yo no fuera real continuó Alicia, medio riéndose a través de sus lágrimas, pues todo le parecía tan ridículo- no podría llorar como lo estoy haciendo.
-¡Anda! Pues, ¡no supondrás que esas lágrimas son de verdad? -interrumpió Tweedledum con el mayor desprecio.
-Sé que no están diciendo más que tonterías -razonó Alicia para si misma- así que es una bobada que me ponga a llorar. De forma que se secó las lágrimas y continuó hablando con el tono más alegre y despreocupado que le fue posible: -­En todo caso será mejor que vaya saliendo del bosque, pues se está poniendo muy oscuro; ¿creéis que va a llover?
Tweedledum abrió un gran paraguas y se metió debajo, con su hermano; mirando hacia arriba respondió: -No lo creo... al menos, no parece que vaya a llover aquí dentro. ¡De ninguna manera!
-Pero, ¿puede que llueva aquí fuera?
-Pues... si así se le antoja... - dijo Tweedledee- Por lo que a nosotros nos toca, no hay reparo... ¡Por el contrario!
-¡Qué tipos más egoístas! -pensó Alicia y estaba ya a punto de darles unas «buenas noches» muy secas y volverles la espalda para marcharse cuando Tweedledum saltó de donde estaba bajo el paraguas y la agarró violentamente por la muñeca.
-¡¿Ves eso?! -le preguntó con una voz ahogada por la ira y con unos ojos que se le ponían más grandes y más amarillos por momentos, mientras señalaba con un dedo tembloroso hacia un pequeño objeto blanco que yacía bajo un árbol.

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