A través del espejo (Lewis Carroll) Libros Clásicos

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-No es más que un cascabel -dijo Alicia después de examinarlo cuidadosamente- ¡pero no vayas a cree que es una serpiente de cascabel! -­añadió apresuradamente, pensando que a lo mejor era eso lo que le excitaba tanto: no es más que un viejo sonajero... bastante viejo y roto.
-¡Lo sabía! ¡Lo sabía! -gritó Tweedledum y empezó a dar unas pataletas tremendas y a arrancarse el pelo a puñados-. ¡Está estropeado, por supuesto! -y al decir esto miró hacia donde estaba Tweedledee, quien inmediatamente se sentó en el suelo e intentó esconderse bajo el enorme paraguas.
Alicia tomó a Tweedledum del brazo y trató de tranquilizarlo diciéndole -No debes de enojarte tanto por un viejo sonajero.
-¡Es que no es viejo! -gritó Tweedledum más furioso todavía-. ¡¡Es nuevo, te digo que es nuevo!! Lo compré ayer..., ¡mi bonito SONAJERO NUEVO!- Y su tono de voz subió hasta convertirse en un auténtico alarido.
Durante todo este tiempo, Tweedledee había estado intentando plegar su paraguas, lo mejor que podía, consigo dentro: lo cual representaba una ejecución tan extraordinaria que logró que Alicia se distrajera y olvidara por un momento a su airado hermano. Pero no lo logró del todo y acabó rodando por el suelo, enrollado en el paraguas, del que sólo le asomaba la cabeza: y ahí quedó, abriendo y cerrando la boca, con los ojos muy abiertos...
-Pareciéndose más a un pez que a cualquier otra cosa -pensó Alicia.
-¡Naturalmente que estarás de acuerdo en que nos batamos en duelo! -dijo Tweedledum con un tono un poco más tranquilo.
-Supongo que sí -dijo malhumorado el otro mientras salía del paraguas- sólo que, ya sabes, ella tendrá que ayudarnos a vestir.
Así que los dos hermanos se adelantaron mano a mano en el bosque y volvieron de allí al minuto con los brazos cargados de toda clase de cosas... tales como cojines, mantas, esteras, manteles, ollas, tapaderas y cubos de carbón...
-Espero que tengas buena mano para sujetar con alfileres y atar con cordeles -­advirtió Tweedledee- porque hemos de ponernos todas y cada una de estas cosas de la manera que sea.
Más tarde, Alicia solía comentar que nunca había visto un jaleo mayor que el que armaron aquellos dos por tan poca cosa... y la cantidad de objetos que hubieron de ponerse encima... y el trabajo que le dieron haciéndole atar cordeles y sujetar botones.

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