A través del espejo (Lewis Carroll) Libros Clásicos

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-Aún no estoy del todo segura -le contestó Alicia muy cortésmente. -Si me lo permite querría mirar antes todo alrededor mío para ver lo que hay.
-Puedes mirar enfrente tuyo, y también a ambos lados, si gustas -replicó la oveja, -pero no podrás mirar todo alrededor tuyo... a no ser que tengas un par de ojos en la nuca.
Y en efecto, como ocurría que Alicia no tenia ninguno por ahí, tuvo que contentarse con dar unas vueltas, mirando lo que había en los anaqueles a medida que se acercaba a ellos.
La tienda parecía estar repleta de toda clase de curiosidades... pero lo más raro de todo es que cuando intentaba examinar detenidamente lo que había en algún estante para ver de qué se trataba, resultaba que estaba siempre vacío a pesar de que los que estaban a su alrededor parecían estar atestados y desbordando de objetos.
-¡Las cosas flotan aquí de un modo!... -se quejo al fin, después de haber intentado en vano perseguir durante un minuto a un objeto brillante y grande que parecía unas veces una muñeca y otras un costurero, pero que en todo caso tenía la virtud de estar siempre en un estante más arriba del que estaba examinando. -­Y esta es desde luego la que peor de todas se porta..., pero, ¡vas a ver! -añadió al ocurrírsele súbitamente una idea: -Voy a seguirla con la mirada hasta que llegue al último estante y luego, ¡vaya sorpresa que se va a llevar cuando tenga que pasar a través del techo!
Pero incluso esta estratagema le falló: la «cosa» pasó tranquilamente a través del techo, como si estuviera muy habituada a hacerlo.
-¿Eres una niña o una peonza? -dijo la oveja mientras se armaba con otro par de agujas. -Vas a marearme si sigues dando tantas vueltas por ahí. -Pero ya antes de terminar de hablar estaba tejiendo con catorce pares de agujas a la vez y Alicia no pudo controlar su curiosidad y su asombro.
-¡¿Cómo podrá tejer al tiempo con tantas agujas?! -se preguntaba la niña, desconcertada. -Y a cada minuto saca más y más..., ¡ni que fuera un puercoespín!
-¿Sabes remar? -le preguntó la oveja, pasándole un par de agujas de tejer mientras le hablaba.
-Sí, un poco... pero no en tierra... y tampoco con agujas de tejer... -empezó a excusarse Alicia cuando de pronto las que tenía en las manos empezaron a convertirse en remos y se encontró con que estaban las dos abordo de un bote, deslizándose suavemente por la orilla del río: de forma que no le quedaba más remedio que intentarlo lo mejor que podía.

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