Fouché (Stefan Zweig) (Stefan Zweig) Libros Clásicos

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Obra rápida y decididamente en el sentido de la "Egalisation des fortunes", con la invención del llamado "Comité filantrópico", adonde los propietarios debían enviar voluntariamente sus dádivas, según la fórmula. Pero para evitar confusiones, agrega de antemano la suave encomienda de que "si el rico" no hace uso "de sus derechos, mostrándose propicio al régimen de la Libertad, la República tiene por su parte el derecho de apoderarse de su fortuna". No tolera el menor exceso en el uso de los bienes, y delimita con energía el concepto de lo "superfluo". "El republicano sólo necesita hierro, pan y cuarenta escudos de renta". Fouché saca los caballos de las cuadras, la harina de los sacos: hace responsables con su vida a los mismos arrendatarios, para que no se queden atrás en su prescripción; hace obligatorio el pan de guerra -como en la guerra europea el pan único- y prohibe terminantemente el pan blanco de lujo. Pone en pie cinco mil reclutas por semana, equipados con caballos, calzado, ropa y fusiles, utiliza la violencia para poner en marcha las fábricas, y todo obedece a su energía férrea. El dinero afluye con las contribuciones, impuestos y dádivas, entregas y tributos. Después de dos meses de actividad, le escribe a la Convención con orgullo: "on rougit ici d´être riche". "Aquí da vergüenza ser rico". Pero, en verdad, debió decir: "Aquí da miedo ser rico".
Al mismo tiempo que como radical y comunista, Joseph Fouché (el futuro multimillonario Duque de Otranto, que se casará en segundas nupcias por la iglesia, piadosamente, bajo el patronato de un rey) se revela como el más feroz y fanático enemigo del cristianismo. "Este culto hipócrita tiene que ser reemplazado por la creencia en la República y en la moral", proclama en su carta flamante... Y caen como rayos las primeras disposiciones contra las iglesias y las catedrales. Ley sobre ley, decreto sobre decreto: "Ningún sacerdote podrá llevar los hábitos fuera del lugar destinado al culto", se le quitarán todos los privilegios, pues "ya es tiempo -argumenta- de que vuelva esta clase altanera a la pureza del cristianismo primitivo y se reintegre al estado civil". A Joseph Fouché no le resulta suficiente ser la cabeza del poder militar, ser el más alto funcionario de la justicia, dictador autónomo de la administración; se apodera también de todas las facultades eclesiásticas. Suprime el celibato, ordena a los sacerdotes que se casen en el plazo de un mes o que adopten un niño; concierta matrimonios y los divorcia en la plaza pública.

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