Fouché (Stefan Zweig) (Stefan Zweig) Libros Clásicos

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Pero todavía Fouché tiene la Presidencia en sus manos y ésa es la manera de terminar el debate antes de tiempo. Con poca gallardía, corta la discusión y se retira a la oscuridad para preparar un nuevo ataque.
Sin embargo, Robespierre ya sabe con quién trata. Ha sorprendido el método de lucha de Fouché; sabe que es hombre que no da la cara en el desafío, que se retira siempre para preparar desde la sombra sus ataques traicioneros. No es suficiente fustigar a un intrigante tan tenaz, hay que perseguirlo hasta su última guarida, y aplastarlo con el pie; hay que cortarle la respiración, hay que inutilizarlo definitivamente y para siempre.
Por eso Robespierre se echa sobre él. Repite su acusación pública contra él ante los jacobinos y pide que aparezca Fouché en la próxima sesión para justificarse. Naturalmente, Fouché no va. Conoce demasiado bien su lado fuerte y su lado flaco; no quiere darle a Robespierre la satisfacción de que se complazca en rebajarlo ante tres mil personas. Mejor volver a la oscuridad, mejor dejarse vencer y mientras tanto ganar tiempo. Tiempo precioso. Por eso escribe muy amable a los jacobinos que siente tener que renunciar a excusarse públicamente. Hasta que no hayan decidido las dos Comisiones sobre su actitud, ruega sea aplazado el juicio sobre él.
Sobre esta carta se echa Robespierre como sobre una presa. Ha llegado el momento de atraparlo, de aniquilarlo, definitivamente. El discurso que pronunció el 23 de Mesidor (11 de junio) contra Joseph Fouché es el ataque más encarnizado, el más peligroso, el más lleno de bilis que Robespierre pronunció contra un adversario.
Ya desde las primeras palabras se ve que Robespierre no quiere herir a su enemigo: quiere matarlo. No quiere humillarlo, sino aplastarlo. Comienza con tranquilidad fingida. La primera declaración suena todavía muy tibia. El "individuo" Fouché no le interesa en absoluto. "Tenía antes con él ciertas conexiones, porque lo consideraba patriota; pero si ahora acuso aquí es, más que por sus crímenes, porque se esconde para cometer otros y porque lo considero jefe del "complot" que tenemos que deshacer. Ante la carta que acaba de ser leída, digo que ha sido escrita por un hombre que, estando acusado, se niega a justificarse ante sus conciudadanos. Esto supone el principio de un sistema de tiranía, porque el que se niega a justificarse ante la comunidad popular a la que pertenece como miembro, ataca a la autoridad de esta organización.

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