La lucha con el demonio (Stefan Zweig) Libros Clásicos

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Como Miguel Ángel abren a martillazos, en duros trozos de roca, la galería que conduce su vida a la joya brillante que adivinaron en sueños y está enterrada profundamente allá. En la misma forma que Leonardo, Goethe percibe el arte como una de las mil formas de la vida que ama tanto; como la ciencia y la filosofía, el arte es una parte solamente de la vida; por esta razón el demonio íntimo de Goethe es siempre más extensivo, mientras en aquéllos resulta intensivo. Goethe asume siempre más una universalidad, mientras aquéllos convierten su vida en un exclusivismo exagerado, en una entrega incondicional.
El amor de Goethe por la existencia hace que el artista emplee todo contra el demonio, aun su seguridad y conservación. Aquéllos, despreciando la misma existencia real, van a la peligrosa jugada, ensanchándolo, para perderse necesariamente. En Goethe todas las energías se funden en una sola: la centrípeta; en los otros actúa la energía opuesta: la centrífuga. En Goethe se va de lo extremo y de lo externo al centro; en los otros tres se va del centro vital hacia la periferia exterior y esta tendencia violenta hacia afuera los destroza y desgarra sin compasión. La tendencia hacia la abstracción se torna sublime en el espacio finito por la afición a la música: en ella pueden volcarse como en su elemento, un elemento sin límites ni formas, que con su hechizo atrae a Nietzsche y a Hölderlin y aun a Kleist, el rudo, justamente en la hora de la muerte.
Con la música un alma posesa se apaga: perdurablemente está rodeada de música, recela de su atracción que lleva a la quimera y, cuando está débil, enfermo o enamorado, abre su alma a ella. El elemento verdadero de Goethe es el dibujo, lo plástico, lo que tiene forma definida, lo que pone límite a la vaguedad y logra impedir la efusión de sí. Tiende perdurable-mente a lo que contribuye a la estabilidad individual: el or-den, la forma, la norma, la ley; aquéllos aman todo lo que liberta y lleva hasta el mismo caos primigenio del pensamiento
Abundan las imágenes adecuadas para definir o representar la oposición creadora de aquel que es dueño y de aquel que es esclavo del demonio. Tomemos una idea geométrica que es más clara. La forma vital de Goethe es el círculo, la línea cerrada y completa que envuelve todo el ser, la eterna vuelta en sí mismo, la misma distancia de su centro inalterable hacia el infinito, el crecer armonioso de todas las partes desde el centro.

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