La lucha con el demonio (Stefan Zweig) Libros Clásicos

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Parecería por un instante que Hölderlin ha hallado su domicilio en el mundo.
Más en su íntimo aparece muy pronto el demonio de la inquietud, el espíritu diabólico de la intranquilidad que se lo lleva como la crecida de un torrente. En sus cartas apunta un dejo de tristeza y leves lamentos por su falta de libertad. Su secreto es evidente: quiere irse, porque no puede vivir sometido a un empleo, pero Hölderlin no percibe al demonio que lleva dentro, que le veda tener relaciones, y no sabe todavía que lo que lo mueve es su encendida voluntad, su ímpetu íntimo. Por incomprensión cree que todo se debe a su molesta testarudez de muchacho, a su vicio secreto que le resulta indomable. Ahí está la incapacidad existencial de Hölderlin: puede y sabe más que él un niño de nueve años... Y deja el empleo.
Carlota, cuando le ve partir, comprende la razón y, para consolarla escribe a la anciana madre la dura verdad: "Su alma no puede tener contacto, descendiendo, con las miserias y las tareas del mundo, más aún, su alma padece demasiado por estas cosas".
Por sí mismo Hölderlin destruye todas las formas vitales que se le siguen brindando. Falso de toda falsedad es el concepto corriente, de carácter meramente sentimental, expuesto en las biografías del poeta y que afirma que Hölderlin sufrió en todas partes humillaciones y ofensas, y que en Waltershausen, en Francfort, en Suiza se le quiso convertir en lacayo, atormentando así su sentido de la dignidad. Eso no es verdad: por doquiera se intentó favorecerle. Mas su piel era demasiado fina, su sensibilidad excesiva, su alma demasiado dolorida.
Se puede decir de Hölderlin y de otros caracteres parecidos, lo que Stendhal reflejó en el espejo y personificó Enrique Brulard: "Lo que apenas desflora a los demás, me hiere hasta sangrar". Hölderlin ha sufrido ya el encontronazo del mundo, que para él no es más que vulgaridad, dependencia y esclavitud: únicamente en la poesía podrá hallar la felicidad. Fuera del mundo lírico Hölderlin respira apenas, se ahoga; sus manos tantean en el vacío que lo circunda y el aire de la tierra lo asfixia. Asustado por tanta lucha que se le presenta a cada paso, se pregunta: ¿Por qué no podré estar tranquilo como un niño, si nada me veda que me dedique a mi ingenua diversión y todo lo que me circunda es agradable?"

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