María Antonieta (Stefan Zweig) Libros Clásicos

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Un carácter medio necesita primeramente ser arrojado fuera de sí mismo, para llegar a ser todo lo que es capaz de ser acaso más de lo que sospechaba y sabía antes; para ello, el destino no tiene otro estímulo sino la desgracia. Y lo mismo que un artista busca intencionadamente a veces un asunto de menguada apariencia, en lugar de uno que atraiga universalmente, para mejor mostrar su fuerza creadora, así también el destino busca, de tiempo en tiempo un héroe insignitïcante para probar que también. con una materia bronca, es capaz de obtener el efecto más alto y, de un alma débil y mal dispuesta, una gran tragedia. Una de tales tragedias, y de las más hermosas, de este heroísmo no querido se llama «María Antonieta».
Pues ¡con qué arte, con qué fuerza de invención en los episodios. en qué inmensidad de impresionantes dimensiones universales. introduce aquí la historia. en su drama. a esta criatura media!: ¡qué sabiamente contrapuntea los tema s accesorios en torno a esta figura principal. originariamente tan mal dotada! Con diabólica astucia comienza por colmar de halagos a la mujer. Ya cuando niña le regala como hogar una corte imperial: cuando adolescente, una corona: cuando joven esposa amontona pródigamente a sus pies todos los dones de la gracia y la riqueza y le da, además, un aturdido corazón, que no pregunta por el precio y valor de estos dones. Durante años enteros mima y halaga con todo regalo a esta irreflexiva criatura, hasta que sus sentidos se desvanecen en el vértigo y se hace cada vez más descuidada. Pero si el destino ha elevado a esta mujer tan rápida y fácilmente a las mayores cimas de la dicha, con una crueldad tanto más refinada la deja caer después lentamente. Con melodramática ordinariez, este drama coloca frente a frente los términos más violentamente opuestos; la atroja desde una residencia imperial de cien estancias a un miserable calabozo, desde un trono real a un patíbulo, desde una dorada carroza encristalada a la ca rreta del verdugo, desde el lujo a la indigencia. desde la simpatía universal al odio, desde el triunfo a la calumnia, cada vez más y más bajo, a inexorablemente hasta las profundidades postreras. Y esta pobre, esta vulgar criatura humana, sorprendida repentinamente en medio de sus hábitos de molicie; este poco juicioso corazón no comprende lo que quiere hacer de él aquel poder extraño; sólo percibe un duro puño que la amasa, una ardiente garra en su carne martirizada; esta criatura sin presentimientos, indignada y desacostumbrada a toda cuita. se defiende y no quiere entregarse, gime, se esconde, trata de huir. Pero con la irreflexibilidad de un artista que no ceja antes de haber arrancado violentamente de su materia el más alto efecto y la última posibil idad, la sabia mano de la desgracia no deja a María Antonieta antes de que aquella alma, blanca y sin brío, haya extraído de sí dureza y dignidad a fuer za de martillazos; antes de que toda la grandeza que estaba soterrada en su alma, procedente de padres y otros ascendientes, no fuera forzada a hacerse sensible.

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