Las amistades peligrosas (Choderlos de Laclos) Libros Clásicos

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Van a dar las seis y mi doncella dice que es preciso que me vista. Adiós mi querida Sofía, te amo como si estuviese en el convento.
P. D. No sé por quién enviarte mi carta. Esperaré que venga Pepa.París, 3 de agosto de 17...

CARTA II
LA MARQUESA DE MERTEUIL AL VIZCONDE DE VALMONT, EN LA QUINTA DE...
Vuelva usted, mi querido vizconde, vuelva usted. ¿Qué hace usted ahí? ¿qué puede hacer en casa de una tía anciana que le ha instituído a usted heredero de sus bienes? Parta usted al instante, que yo lo necesito. Me ha ocurrido una idea excelente y quiero confiarle su ejecución. Estas pocas palabras deben bastar a usted y, demasiado honrado con mi elección, debe venir ansioso a recibir mis órdenes a mis pies; pero usted abusa de mis bondades, aun después de que ha cesado de aprovecharse de ellas; y en alternativa de un adiós eterno o de una excesiva indulgencia, dicha de usted quiere que pueda más mi bondad. Deseo, pues, informarle de mis proyectos; pero júreme usted a fe de caballero fiel que no correrá ninguna aventura antes de haber dado fin a ésta; es digna de un héroe, servirá usted al amor y a la venganza, en fin, será como una hazaña más que añadirá a sus memorias; sí, a sus memorias, porque quiero que sean publicadas un día, y yo me encargo de escribirlas. Pero dejemos esto y vamos a la idea que me ocupa.
La señora de Volanges casa su hija: todavía es un secreto; pero ayer me lo ha confiado. ¿Quién cree usted que ha escogido para yerno suyo? El conde de Gercourt. ¿Quién me hubiera dicho que yo llegaría a ser la prima de Gercourt? Tengo una rabia... ¿qué? ¿no adivina usted todavía? ¡Oh, torpe entendimiento! ¿Le ha perdonado usted ya el lance de la intendenta? ¿y yo no debo quejarme aún más de él, monstruo?4 Pero me calmo, y la esperanza que concibo de vengarme tranquiliza mi espíritu.
Mil veces se ha fastidiado usted como yo con la importancia da Gercourt a la mujer con quien se casará, y con la necia presunción de creer que evitará la suerte que cabe a todos. Usted sabe su ridícula presunción en favor de la educación que se recibe en conventos, y su preo
4 Para entender este pasaje es preciso saber que el conde de Gercourt había dejado a la marquesa de Merteuil por la Intendenta de.

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