Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) Libros Clásicos

Página 15 de 244

Y así fue. Después utilizasteis a vuestros amigos (el conde Brass, Oladahn, Bowgentle y D´Averc) para derrotar al Imperio, y cuando ya no os fueron útiles, preparasteis su muerte en la batalla de Londra.

-Una historia muy convincente -dijo Hawkmoon, sombrío-. Se adapta muy bien a los hechos, aunque olvida los detalles que justifican mis acciones. Una invención muy inteligente.

-¿Estáis diciendo que el conde Brass miente?

-Estoy diciendo que lo que viste en los pantanos, fantasma o mortal, no fue el conde Brass. Sé que digo la verdad, Czernik, porque no pesan traiciones sobre mi conciencia. El conde Brass sabía la verdad. ¿Por qué iba a mentir después de muerto?

-Conocí al conde Brass y os conozco a vos. Sé que el conde Brass no diría mentiras. Todos sabemos que era un astuto diplomático, pero siempre era sincero con sus amigos.

-Por lo tanto, no viste al conde Brass.

-Vi al conde Brass. A su fantasma. Tal como era cuando cabalgué a su lado, empuñando su estandarte cuando combatimos contra la Liga de los Ocho de Italia, dos años antes de que llegáramos a la Karmag. Sé que el conde Brass...

Hawkmoon frunció el ceño.

-¿Cuál era su mensaje?

-Os espera cada noche en los pantanos, para vengarse de vos.

Hawkmoon respiró hondo. Ciñó el cinturón de la espada a su cadera.

-En ese caso, iré a verle esta noche.

Czernik miró con curiosidad a Hawkmoon.

-¿No tenéis miedo?

-En absoluto. Sé que no viste al conde Brass. ¿Por qué he de temer a un impostor?

-Tal vez no recordáis que le traicionasteis -sugirió Czernik-. Quizá todo fue debido a la joya que, tiempo ha, llevabais en vuestra frente. Es posible que la joya os impulsara a cometer tales afrentas, y que una vez liberado de ella os olvidarais de todos vuestros ardides.

Hawkmoon dedicó a Czernik una sombría sonrisa.

-Te lo agradezco, Czernik, pero dudo que la joya me controlara hasta tal punto. Su propósito era muy diferente.

Frunció el ceño. Por un momento, se preguntó si Czernik estaba en lo cierto. Sería horrible si fuera verdad... Pero no, no podía ser cierto. Yisselda habría sabido la verdad, por más que él hubiera tratado de ocultarla. Yisselda sabía que no era un traidor.

Sin embargo, algo acechaba en los pantanos y trataba de poner en su contra a los habitantes de la Kamarg. Por lo tanto, debía poner manos a la obra cuanto antes: desenmascarar al fantasma y demostrar a la gente como Czernik que no había traicionado a nadie.

No dijo nada más a Czernik, sino que dio media vuelta y salió de la taberna.

Página 15 de 244
 

Paginas:
Grupo de Paginas:             

Compartir:



Diccionario: