Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) Libros Clásicos

Página 26 de 244

Tardaremos varios meses, pero creo que pronto nos desembarazaremos por completo de los que llevan máscaras, teniendo en cuenta que los lugares oscuros donde prefieren habitar se están derruyendo con extrema
rapidez.»

-¿Contiene noticias inquietantes la carta de Flana? -preguntó Yisselda a su marido, mientras éste doblaba el pergamino.

Hawkmoon meneó la cabeza.

-No, pero encajan con algo que he oído hace poco. Dice que en Londra se ha vuelto a poner de moda llevar máscaras.

-Será por poco tiempo. ¿La costumbre se ha extendido?

-Por lo visto, no.

El príncipe Lonson lanzó una carcajada.

-Os aseguro, mi señora, que se trata de un vicio muy minoritario. Casi toda la gente normal se sintió muy complacida de quitarse esas máscaras incómodas y las prendas gruesas. Eso también se aplica a la nobleza, excepto a los pocos miembros de las castas de guerreros que sobrevivieron... No muchos, por fortuna.

-Según Flana, circulan rumores de que los principales líderes siguen con vida -dijo Hawkmoon.

-Imposible. Vos mismo matasteis al barón Meliadus. ¡Le abristeis en canal, príncipe de Colonia, desde el cuello a la ingle!

El comentario del príncipe Lonson molestó a algunos invitados, y el embajador se apresuró a disculparse.

-El conde Brass -prosiguió- eliminó a Adaz Promp y a varios más. Vos también matasteis a Bhenegar Trott, en Dnark, ante el Bastón Rúnico. Y todos los demás (Mikosevaar, Nankenseen y el resto) están muertos. Taragorm murió en una explosión y Kalan se suicidó. ¿Quién queda?

Hawkmoon frunció el ceño.

-Sólo se me ocurren Taragorm y Kalan -contestó-. Son los únicos que murieron sin testigos.

-Pero Taragorm murió cuando estalló la máquina de guerra de Kalan. Nadie podría haber sobrevivido.

-Tenéis razón -sonrió Hawkmoon-. Es una tontería dedicarse a estas especulaciones. Tenemos mejores cosas que hacer.

Y devolvió su atención a las fiestas del día.

Pero sabía que aquella noche cabalgaría hacia las ruinas y se enfrentaría con el que se hacía llamar conde Brass.


4. Una reunión de muertos

Y así, al ponerse el sol, Dorian Hawkmoon, duque de Colonia, Señor Protector de la Kamarg, cabalgó de nuevo por las carreteras del pantano, azotadas por el viento, y se adentró en sus dominios, contempló las evoluciones de los flamencos escarlatas, vio a lo lejos las manadas de toros blancos y caballos con cuernos como nubes de humo fugaces que pasaban entre las cañas verdes y atezadas, vio como el agonizante sol rojo transformaba las lagunas en charcos de sangre, respiró el aire seco que arrastraba el mistral, y llegó por fin a una pequeña colina sobre la cual se alzaban unas ruinas de inmensa antiguedad, ruinas invadidas por hiedra púrpura y ámbar.

Página 26 de 244
 

Paginas:
Grupo de Paginas:             

Compartir:




Diccionario: