Middlemarch, Un estudio de la vida de las Provincias (George Eliot) Libros Clásicos

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-¿Sir Humphry Davy? (1) -dijo el señor Brooke con su habitual modo apacible y sonriente mientras tomaba la sopa y al hilo del comentario de Sir James Chattam de que se encontraba estudiando la Química Agrícola de Davy-. Vaya, vaya, Sir Humphry Davy. Cené con él hace años en Cartwright´s. Wordsworth también estaba allí; ya sabe, Wordsworth, el poeta. Eso fue algo muy curioso. Estudié en Cambridge al mismo tiempo que Wordsworth y nunca coincidí con él entonces, y veinte años después cenamos juntos en Cartwright´s. Hay cosas muy raras. Como iba diciendo, Davy estaba allí. También era poeta. O, mejor dicho, Wordsworth era el poeta número uno y Davy el poeta número dos. Eso era cierto en todos los sentidos.

Dorothea se encontraba un poco más incómoda que de costumbre. La cena estaba en sus comienzos, y al ser el grupo reducido y la estancia silenciosa, las nimiedades fruto de la masa encefálica de un juez de paz resultaban demasiado evidentes. Se preguntaba cómo un hombre como el señor Casaubon podía soportar semejante trivialidad.

Sus modales eran muy serios, pensó, y el pelo gris y los ojos hundidos le hacían parecerse al retrato de Locke (2).

(1) Sir Humphry Davy (1778-1829), catedrático de química y escritor, inventor de la lámpara de seguridad de los mineros.
(2) John Locke (1632-1704), filósofo inglés, autor de Cartassobre la tolerancia (1689), Ensayo sobre el entendimiento humano (1690), y los dos Tratados sobre el gobierno civil (1690).

Tenía la constitución enjuta y la tez pálida propia del estudioso, de todo punto distinto al tipo de inglés saludable de bigotes cobrizos encarnado por Sir James Chettam.

-Estoy leyendo la Química Agrícola -dijo este excelente barones-, porque voy a hacerme cargo personalmente de una de las fincas; a ver si puedo proporcionarles a mis arrendatarios un buen modelo de cultivo. ¿Qué le parece la idea, señorita Brooke?

-Un grave error, Chettam -interpuso el señor Brooke-, meterse a electrificar la tierra y todo eso y convertir su establo en un salón. No se lo aconsejo. Yo mismo me dediqué mucho a la ciencia durante una temporada, pero vi que no era aconsejable. Es un camino sin fin; luego no hay nada que se pueda dejar en paz. Nada, nada, asegúrese de que sus arrendatarios no venden la paja y... bueno... proporcióneles tubos de desagüe, ya sabe, ese tipo de cosas.

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