Middlemarch, Un estudio de la vida de las Provincias (George Eliot) Libros Clásicos

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-No, no, no -dijo el señor Brooke, comprendiendo la condición-. Dorothea no vendría, a menos que hubiera usted ido a verla.

Cuando Sir James y Celia estuvieron solos, ella dijo: -¿Te importa que coja el coche para ir a Lowick, James?

-¿Cómo, ahora mismo? -preguntó él con sorpresa.

-Sí, es muy importante -contestó Celia.

-Recuerda, Celia, que yo no la puedo ver -dijo Sir james.

-¿Aunque decida no casarse?

-¿De qué sirve hablar así?... pero, me voy a la cuadra. Le diré a Briggs que se acerque con el coche.

Celia pensó que era muy conveniente hacer un viaje a Lowick, si no para hablarle de esto a su hermana, al menos para influir en el ánimo de Dorothea. Durante toda su niñez había notado que podía influir en ella con una palabra juiciosamente colocada... abriendo una ventanita para que la luz de su propio entendimiento entrara en las lámparas de extraños colores que Dodo habitualmente veía. Y Celia, la madre naturalmente, se sentía más capaz de aconsejar a su hermana sin hijos.

¿Quién podía comprender a Dodo tan bien como Celia, o quererla tan tiernamente?

Dorothea, ocupada en su gabinete, sintió un vivo placer ante la visita de su hermana tan pronto después de la revelación de su proyectado matrimonio. Se había imaginado, incluso con exageración, el disgusto de sus amistades, y aún había temido que Celia pudiera mantenerse apartada de ella.

-¡Oh, Kitty, estoy encantada de verte! -dijo Dorothea, poniendo las manos en los hombros de Celia y rebosante de alegría-. Casi pensaba que no vendrías a verme.

-No he traído a Arthur porque tenía prisa -dijo Celia, y se sentaron en dos sillitas una frente a la otra, con las rodillas tocándose.

-Sabes, Dodo, no está nada bien -empezó Celia, con su plácido acento gutural, apareciendo lo más alejada posible de la irritación-. Nos has defraudado a todos. Y no puedo pensar que llegue a suceder..., no puedes irte y vivir de esta forma. ¡Además, quedan todos tus planos! No debes haber reparado en eso. James se hubiera tomado todas las molestias por ti y tú hubieras podido seguir toda la vida haciendo lo que quisieras.

-Al contrario, querida -dijo Dorothea-, yo nunca pude hacer nada de lo que quise. No he realizado jamás plan alguno todavía.

-Porque has querido siempre cosas que no proceden.

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