Diez negritos (Agatha Christie) Libros Clásicos

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-Si las estatuillas representan negritos... había diez anoche durante la cena, y, ¿dice usted que sólo quedan ocho?
El doctor recitó los versos:

«Diez negritos se fueron a cenar.
Uno de ellos se asfixió y quedaron
Nueve.
Nueve negritos trasnocharon mucho.
Uno de ellos no se pudo despertar y quedaron
Ocho.»

Los dos hombres se miraron. Lombard rió socarrón y arrojó su cigarrillo con fuerza.
-Esas dos muertes y la desaparición de los dos negritos concuerdan demasiado bien para que sea una simple coincidencia. Marston ha sucumbido a una asfixia o a un ahogo después de cenar, y la señora Rogers ha olvidado despertarse... porque alguien se lo impidió.
-¿Y entonces?
-Existe otra clase de negros... aquella que se oculta en el túnel, el misterioso X... Mister Owen; ¡el loco desconocido y en libertad!
-¡Ah! -exclamó Armstrong satisfecho-. Usted comparte íntegramente mi opinión. Por tanto, veamos adonde nos conduce esto. Rogers jura que no había nadie en esta isla más que los invitados de Owen, él y su mujer.
-Rogers se equivoca... a menos que mienta.
-Para mí, Rogers no miente. Está tan asustado que perdería la razón.
-Esta mañana no ha venido ninguna canoa -observó Lombard-, lo que confirma sobradamente la conspiración llamada Owen. La isla del Negro quedará aislada del resto del mundo para permitir a mister Owen realizar su tarea hasta el final.
El médico palideció.
-Usted comprenderá que ese hombre debe estar loco de atar.
Lombard respondió con una nueva entonación en su voz.
-Mister Owen ha olvidado un pequeño detalle...
-¿Cuál?
-Esta isla no es más que una desnuda roca; la exploraremos fácilmente de arriba abajo y descubriremos la guarida de U. N. Owen.
-¡Desconfíe usted, Lombard! Ese loco se hará peligroso.
Lombard echóse a reír.
-¿Peligroso? Seré yo el peligroso en cuanto le eche la vista encima. Después de una pausa añadió:
-Debemos decírselo a Blove, pues en el momento crítico su ayuda será preciosa. En cuanto a las mujeres es mejor no decirles nada y respecto a los otros, creo que el general está ya muy viejo y el juez está mejor en su sillón. ¡Nosotros tres nos encargaremos de la tarea!


8


Blove se dejó convencer fácilmente. En seguida explicó su acuerdo y expuso sus argumentos.
-Lo que me viene usted a contar sobre las figuras de porcelana aclara un punto sobre esta historia. Desde luego, existe la locura dentro de todo esto.

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