Doble culpabilidad (Agatha Christie) Libros Clásicos

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DOBLE CULPABILIDAD
Agatha Christie



Aquel día hallé a mi amigo en sus habitaciones, sobrecargado de trabajo. Su celebridad era la causa de que toda mujer rica que hubiera extraviado un brazalete o su perro favorito recurriera a los servicios del gran Hércules Poirot. Mi pequeño amigo era una extraña mezcla de hombre de negocios y romántico idealista. Lo segundo lo llevaba a la aceptación de muchos casos sin apenas interés profesional. Otras veces eran trabajos sin compensación económica, pero de indudable interés. Poirot, con cara de circunstancias, admitía como cierto ese modo de obrar suyo.
Afortunadamente mi visita no fue infructuosa, pues logré persuadirle que me acompañase a pasar unas cortas vacaciones en un renombrado lugar de la costa sur: Ebermouth.
Después de cuatro agradables días, Poirot vino a mi encuentro con una carta abierta en una de sus manos.
-Mon ami, ¿recuerda a mi amigo Joseph Aarons, el agente de teatro?
Asentí, después de meditar un momento. Los amigos de Poirot son tantos y tan diversos, que se les halla en todas las esferas sociales.
-Pues bien, Hastings, Joseph Aarons se encuentra en Charlock Bay. Según parece se halla preocupado debido a un pequeño asunto. Me ruega que vaya a verlo. Mon ami, debo acudir a su llamada. Es un amigo fiel que ha hecho mucho en mi ayuda.
-Conforme, si usted lo quiere -repuse-. Charlock Bay es un lugar estupendo, y, además, nunca estuve allí.
-Magnífico. Así compaginaremos el negocio y el placer -dijo Poirot- ¿Se informará del horario de trenes?
-Temo que debamos hacer uno o dos trasbordos -mi sonrisa no pasó de una mueca-. Ya sabe lo que sucede con estas líneas del interior. Ir de la costa sur de Devon a la del norte, representa un día de viaje.
No obstante, el viaje podía realizarse con sólo un trasbordo en Exeter, y los trenes eran buenos. Regresaba de la estación para informar a Poirot, cuando vi un letrero en las oficinas de los coches Speedy; decía:

Todos los días excursiones a Charlock Bay. Primera salida a las 8,30. Viaje a través del más bello panorama de Devon.

Solicité algunos detalles y corrí al hotel, entusiasmado. Sin embargo, Poirot se resistió a compartir mi estado de ánimo.
-Amigo mío, ¿por qué esa pasión por el autocar? El tren es más seguro. Carece de neumáticos que se revienten, lo cual reduce las posibilidades de accidente.

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