El caso del baile de la Victoria (Agatha Christie) Libros Clásicos

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Volvió a colocar en su sitio las figuritas y se bajó de un salto.
Japp no quedó satisfecho, pero al parecer Poirot no tenía intención de explicarnos nada y el detective tuvo que conformarse. Cuando nos disponíamos a salir de la sala entró en ella el dueño de la casa y Japp hizo las debidas presentaciones.
El sexto vizconde Cronshaw era hombre de unos cincuenta años, de maneras suaves, con un rostro bello pero disoluto. Era un roué que adoptaba la lánguida actitud de un poseur. A mí me inspiró antipatía. Sin embargo, nos acogió de una manera amable y dijo que había oído alabar la habilidad de Poirot. Al propio tiempo se puso a nuestra disposición por entero.
-Sé que la policía hace todo lo que puede -declaró-, pero temo que no llegue nunca a solucionarse el misterio que encierra la muerte de mi sobrino. Le rodean también circunstancias muy misteriosas.
Poirot le miraba con atención.
-¿Sabe si tenía enemigos?
-Ninguno. Estoy bien seguro -Tras de una pausa, Beltane interrogó-: ¿Desea dirigirme alguna otra pregunta?
-Una sola. -Poirot se había puesto serio-. ¿Se reprodujeron exactamente los trajes de máscara de estos figurines?
-Hasta el menor detalle.
-Gracias, milord. No necesito saber más. Muy buenos días.


-¿Y ahora qué? -preguntó Japp en cuanto salimos a la calle-. Porque debo notificar algo al Yard, como ya sabe usted.
-¡Bien! No le detengo. También yo tengo un poco de quehacer y después...
-¿Después?
-Quedará el caso completo.
-¡Qué! ¿Se da cuenta de lo que dice? ¿Sabe ya quién mató a lord Cronshaw?
-Parfaitement.
-¿Quién fue? ¿Eustaquio Beltane?
-Ah, mon ami! Ya conoce mis debilidades. Deseo siempre tener todos los cabos sueltos en la mano hasta el último momento. Pero no tema. Lo revelaré todo a su debido tiempo. No deseo honores. El caso será suyo a condición de que me permita llegar al denouement a mi modo.
-Si es que el denouement llega -observó Japp-. Entre tanto, ya se sabe, usted piensa mostrarse tan hermético como una ostra, ¿no es eso? -Poirot sonrió-. Bien, hasta la vista. Me voy al Yard.
Bajó la calle a paso largo y Poirot llamó a un taxi.
-¿Adonde vamos ahora? -le pregunté, presa de viva curiosidad.
-A Chelsea para ver a los Davidson.
-¿Qué opina del nuevo lord Cronshaw? -pregunté mientras le daba las señas al taxista.
-¿Qué dice mi buen amigo Hastings?

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