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El club de los martes (Agatha Christie) - pág.10

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Los cientos de miles, el pastel... quiero decir queno puede pasarse por alto.
-¿Qué es eso del pastel y de los cientos de miles? -exclamó Raymond.
Su tía se volvió hacia él.
-Las cocineras casi siempre ponen «cientos de miles» en los pasteles, querido -le dijo-.Son esos azucarillos rosas y blancos. Desde luego, cuando oí que habían tomado pastel para cenar y que el marido se había referido en una carta a cientos de miles, relacioné ambas cosas.Allí es donde estaba el arsénico, en los cientos de miles.Se lo entregó a la muchacha y le dijo que lo pusiera en el pastel.
-¡Pero eso es imposible! -replicó Joyce vivamente-. Todos lo tomaron.
-¡Oh, no! -dijo miss Marple-.Recuerde que la compañera de Mrs. Jones estaba haciendo régimen para adelgazar. Nunca se come pastel, si una está a dieta. Y supongoque Jones se limitaría a separar los «cientos de miles» de su ración poniéndolos a un lado en el plato. Fue una idea inteligente, aunque muy malvada.
Los ojos de todos estaban fijosen sir Henry.
-Es curioso -dijo despacio-, peroda la casualidad de que miss Marple ha dado con la solución. Jones había metido a Gladys Linch en un serio problema, tal como se dice vulgarmente, y ella estaba desesperada. El deseaba librarse de su esposa y prometió a Gladys casarse con ella cuando su mujer muriese. El consiguió los «cientos de miles» y se los entregóa ella con instrucciones para su uso. Gladys Linch falleció hace una semana. Su hijo murió al nacer y Jones la había abandonado por otra mujer. Cuando agonizaba, confesó la verdad.
Hubo unos instantes de silencioy luego Raymond dijo:
-Bueno, tía Jane, esta vez has ganado. No entiendo cómo has adivinado la verdad. Nunca hubiera pensado que la doncella tuviera nada que ver con el caso.
-No, querido -replicó missMarple-, pero tú no sabes de la vida tanto como yo. Un hombre como Jones, rudo y jovial. Tan pronto como supe que había una chica bonita en la casa me convencí de que no la dejaría en paz. Todo esto son cosas muy penosas y no demasiado agradables de comentar. No puedes imaginarte el golpe que fue para Mrs. Hargraves y la sorpresa que causó en el pueblo.

FIN


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