El misterio de Market Basing (Agatha Christie) Libros Clásicos

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Luego, poniéndose en pie, salió de la habitación.
-¿Le mató ella? -pregunté aturdido.
Poirot sonrió y movió la cabeza.
-Se suicidó él -replicó-, ¿Recuerda que llevaba el pañuelo en la manga derecha? Pues esto me reveló que era zurdo. Temiendo después de la borrascosa entrevista con míster Parker que se hiciera público su delito, se suicidó. Por lo mañana, al ir a llamarle como de costumbre, miss Clegg le halló muerto y como, según acaba de oír, le conocía desde niño, se llenó de cólera contra los forasteros que le habían empujado a tan vergonzosa muerte. Los consideraba como a sus asesinos y de pronto vio la posibilidad de hacerles sufrir por el hecho que habían inspirado. Únicamente ella sabía que Protheroe era zurdo. Pasó, pues, la pistola a su mano derecha, cerró y echó la falleba de la ventana, dejó caer al suelo el pedazo de gemelo que había encontrado en una de las habitaciones de la planta baja y salió, cerrando la puerta y llevándose la llave.
-Poirot-exclamé en una explosión de entusiasmo-. ¡Es usted soberbio! ¡Y todo esto sólo por medio de un simple pañuelo!
-Y por el humo del cigarrillo. Si la ventana hubiera estado cerrada y fumados todos aquellos cigarrillos la habitación hubiera estado impregnada del olor a tabaco. En vez de esto el aire era puro y así deduje en el acto que la ventana había estado abierta durante toda la noche y que únicamente se cerró por la mañana, lo que me brindó una serie de interesantes reflexiones. No acertaba a concebir, bajo ninguna clase de circunstancias, que el criminal deseara cerrar la ventana. Por el contrario, ganaba dejándola abierta para simular que el criminal se había escapado por ella, si la teoría del vagabundo dejaba de tener éxito. La declaración del vagabundo vino a confirmar mis sospechas, porque de estar la ventana cerrada, no hubiera oído la discusión.
-¡Espléndido! Y ahora, ¿quiere una taza de té?
-Ha hablado usted como buen inglés -repuso Poirot suspirando-. Yo preferiría un refresco, pero no creo probable que lo haya.

FIN

1 El conejo tiene una cara agradable - su vida privada es una desgracia -. En verdad que no sabría decir a ustedes - las cosas terribles que hacen los conejos.



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